Ajeno a todo esto, los tripulantes del Estrella Polar estaban desayunando. Eran ya las ocho de la mañana…la hora para que todos estuvieran despiertos, todos excepto Julia, Ricardo, Ulises, Julián y Gamboa. Habían pasado toda la noche, intentando hacer que Roberto (alias Burbuja) hablase pero no había manera; unas veces se hacía el despistado, y otras mentía (según la doctora Wilson y por consiguiente, Julián)
-Te lo repito por última vez, Roberto.-insistió el capitán por enésima vez.-Dinos por qué nos has traicionado, tantos años trabajando para nosotros ¿Para qué luego nos traiciones? ¿Qué te han dado ellos?-añadió, casi ya perdiendo los estribos.
-¿Y si no le contesto, Ricardo? ¿Qué me hará, me matará?-Roberto preguntó burlándose de él, sabiendo que el capitán jamás acabaría con su vida.
-No, él no pero yo sí.-Ulises se había ido por un momento pero volvió con un desfilabrador.-Estoy muy loco, no juegues con nosotros o acabarás muerto antes de que lleguemos a tierra.-lo amenazó, cogiéndole de la camisa.
-Uhh, tan poco hace falta ponerse así eh.-bromeó Roberto.-Está bien, no sé qué ha pasado para que se pongan así pero yo no soy el traidor que yo sepa. Yo jamás os traicionaría…vale, trabajé tiempo muy atrás con los del Proyecto de Alejandría pero cuando decidí que ésa no era vida, me fui. Estuvieron a punto de matarme, fingí que no me acordaba de nada...-al ver que se complicaba la cosa, decidió hablar pero fue interrumpido por Ricardo.
-Hasta el día de hoy te consideraba como un amigo, ¿por qué lo hiciste?
-Ricardo, yo no he escrito esa carta. Van a por Julia, ¿no te das cuenta? Quieren tenerla en el submarino, y claro como sospechan que no va a ser fácil, quieren matarla.-les sugirió Roberto.
-¡¡Y QUE SE ATREVAN!!-gritó Ricardo en un arrebato, defendiendo su amor.-Ni la matarán ni la volverán a secuestrar porque ahí respondo, entonces…sino eres tú, ¿quién es?-se estaba volviendo loco, estaban como al principio.
-Ni idea pero yo no me fiaría de Gamboa, esconde algo.-Julián y Ulises le ayudaron a levantarse del suelo.-Enamorado de alguien como Julia no puede traer nada bueno, sino lo ha hecho ahora puede que muy pronto recibamos algo no muy agradable por parte de él.-dicho esto se fue a su camarote.
****
Tres horas después…
Julia estaba en la ducha, cuando llamaron a la puerta de su camarote. Cogió su albornoz rosa y abrió la puerta de su camarote. Su sorpresa fue mayor cuando vio a su novio:
-Ricardo, ¿pasa algo?
-No…bueno sí, pero lo principal es encontrarte en buen estado, que estás bien.-el capitán estaba preocupado, la doctora le hizo pasar.
-No me mientas Ricardo, a ti te pasa algo.Mirate la cara que traes, no has dormido ni tres horas. Desde que me secuestraron no has hecho otra cosa que preocuparte por mí.-estaba preocupada por él, le quería tanto que no quería perderle y haría todo lo que fuese posible para que estuviese bien.
-Ya lo sé, princesa pero hay una cosa que podrías hacer por mí: múdate a mi camarote.-se lo pidió.
-¿Qué?¿He oído bien?-ésa fue su primera reacción, haber soñado despierta pero enseguida se dio cuenta que no había perdido la cordura.-Pero Ricardo, llevamos muy poco tiempo juntos ni que se fuese a acabar el mundo…bueno, rectifico…pero lo que quiero decir es que…no sé, no nos conocemos tan bien, ¿no?-añadió, poniéndose nerviosa.
-Vamos a ver, Julia ¿tú quieres que esté bien, no? Pues ésa es la única manera que hay para que los dos estemos bien. Pensé muy bien lo que Roberto nos dijo, y no veo tan descabellada la idea ehh.Pueden hacerte daño, y entonces no estaré ahí para protegerte.-según lo que decía su novio, no lo veía con malos ojos.En parte tenía razón
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lunes, 16 de abril de 2012
Rol Parte CIII (Por Ele)
domingo, 15 de abril de 2012
Rol Parte CII (Por Silvia)
En cubierta una mujer miraba al horizonte mientras por sus mejillas las frías lágrimas le recorrían el rostro, todo había sido en vano, de que servía estar en el Estrella Polar, rodeada de los suyos si….su mano derecha permanecía cerrada en un puño conteniendo la ira, con la izquierda arrugaba un trozo de papel a la vez que dejaba a este deslizarse hasta caer al mar.
-¿Qué haces aquí tan sola y tan temprano princesa? – abrazándola por la espalda
Sus manos ásperas la sacaron de sus pensamientos y permitieron mirarle con los ojos llorosos pero pronunciando una triste sonrisa.
-He recibido una nota Ricardo. Lo han matado, y el papel lo deja muy claro, si no colaboró nos matarán uno a uno.
-¿Quién te ha dado esa nota? – alterándose.
-Estaba en mi habitación cuando entré, está claro que alguien colabora con ellos.
-Y los dos sabemos quien es.
-No, él no es, estoy segura, daría la vida por mí.
-Si tan segura estás de que Gamboa no es amor… en este barco solo hay otra persona que sabe tanto del proyecto.
-¿Crees que Burbuja..? Sería demasiado obvio.
-No si creen que vas a ir a por Gamboa, es el plan perfecto. Tú me lo cuentas, y yo acuso equívocamente a Gamboa.
-Pues esta vez iremos por delante. Burbuja va a contárnoslo todo, nos ha traicionado. La muerte de Víctor no será en vano.
Velozmente, sin tiempo que perder, Ricardo buscó a Ulises y De la Cuadra y les contó todo, debían actuar ya, y tenían un plan.
Horas después…..
-Hombre Burbuja, ¿estás dando de comer a los peces? – sacando un habano de la chaqueta y encendiéndolo.
-Salomé dice que quiere sardinas y arenques para desayunar, pero hoy están triste y no vienen.
-Ya… Roberto estamos solos, no tienes porque hacer de tonto conmigo – acercándosele hasta echarle el humo en la cara.
-Si, tienes razón – dejado su pose de idiota y poniéndose serio - ¿pasó algo Julián?
-Julia ha recibido una carta, Víctor ha muerto.
-Vaya, pero era de esperar.
-El problema es que esa carta es de alguien de dentro, tenemos un traidor.
-Entonces no lo pensemos más, ha sido Gamboa seguro.
-No hijo, está vez el Gambas es inocente, digamos que ha sido mas bien un pulpo…
-No imagino quien.
-Pues yo creo que si ¡hijo de puta!
De repente Ulises apareció por detrás y golpeó a Burbuja hasta dejarle inconsciente.
-Papá, ¡dile a Salomé que he cazado un pulpo!
-Anda déjate de bobadas y ayúdame a llevarle a las bodegas, Julia y Ricardo nos están esperando. Es mejor que la tripulación no se entere, no vamos a alarmarles por nada.
En las bodegas….
-Si que tardan en traerle…
-Es un hombre de edad media, supongo que cueste trasportarle por todo el barco, sin hacer ruido para evitar ser vistos, entre solo dos hombres, contando que uno tiene 20 años y el otro ya 50…
-Que haría yo sin mi doctora - besándola cuando..
-Menos besos y más manos, que el jodido pesa – De la cuadra sin soltar el puro de la boca.
-Y más si uno de los transportistas está fumando en horas de trabajo.
-Ricardo déjate de chorradas y ayuda a mi hijo ¡que a mi me duelen los riñones!
-¿Ha dicho algo o se ha hecho el despistado? – pregunta la doctora.
-Nada, decía que seguramente había sido Gamboa.
-¿Qué hace que no está aquí?
-No se me ha ocurrido despertarle, ya se lo diremos luego.
En el camarote de Gamboa…
-Te lo diré otra vez, o te cambias de bando o acabarás como el pobre Víctor – propinándole otro puñetazo en el estómago - ¿queda claro?
-Yo estoy con vosotros, ¡ya lo sabes!
-No Ernesto, a mi me parece que te tomaste demasiado en serio el trabajo de facilitador pero no has sido capaz de controlar a Wilson, que era tu principal tarea – dándole una patada en sus partes nobles - La necesitamos, y si no quieres ver rodar tu cabeza ¡ya estás trayéndonosla!
-Pero el capitán y toda la tripulación…
-¿Qué son 40 muertos más para la humanidad Ernesto?, ¡NADA! – riéndose maléficamente y saliendo del camarote.
-¿Qué haces aquí tan sola y tan temprano princesa? – abrazándola por la espalda
Sus manos ásperas la sacaron de sus pensamientos y permitieron mirarle con los ojos llorosos pero pronunciando una triste sonrisa.
-He recibido una nota Ricardo. Lo han matado, y el papel lo deja muy claro, si no colaboró nos matarán uno a uno.
-¿Quién te ha dado esa nota? – alterándose.
-Estaba en mi habitación cuando entré, está claro que alguien colabora con ellos.
-Y los dos sabemos quien es.
-No, él no es, estoy segura, daría la vida por mí.
-Si tan segura estás de que Gamboa no es amor… en este barco solo hay otra persona que sabe tanto del proyecto.
-¿Crees que Burbuja..? Sería demasiado obvio.
-No si creen que vas a ir a por Gamboa, es el plan perfecto. Tú me lo cuentas, y yo acuso equívocamente a Gamboa.
-Pues esta vez iremos por delante. Burbuja va a contárnoslo todo, nos ha traicionado. La muerte de Víctor no será en vano.
Velozmente, sin tiempo que perder, Ricardo buscó a Ulises y De la Cuadra y les contó todo, debían actuar ya, y tenían un plan.
Horas después…..
-Hombre Burbuja, ¿estás dando de comer a los peces? – sacando un habano de la chaqueta y encendiéndolo.
-Salomé dice que quiere sardinas y arenques para desayunar, pero hoy están triste y no vienen.
-Ya… Roberto estamos solos, no tienes porque hacer de tonto conmigo – acercándosele hasta echarle el humo en la cara.
-Si, tienes razón – dejado su pose de idiota y poniéndose serio - ¿pasó algo Julián?
-Julia ha recibido una carta, Víctor ha muerto.
-Vaya, pero era de esperar.
-El problema es que esa carta es de alguien de dentro, tenemos un traidor.
-Entonces no lo pensemos más, ha sido Gamboa seguro.
-No hijo, está vez el Gambas es inocente, digamos que ha sido mas bien un pulpo…
-No imagino quien.
-Pues yo creo que si ¡hijo de puta!
De repente Ulises apareció por detrás y golpeó a Burbuja hasta dejarle inconsciente.
-Papá, ¡dile a Salomé que he cazado un pulpo!
-Anda déjate de bobadas y ayúdame a llevarle a las bodegas, Julia y Ricardo nos están esperando. Es mejor que la tripulación no se entere, no vamos a alarmarles por nada.
En las bodegas….
-Si que tardan en traerle…
-Es un hombre de edad media, supongo que cueste trasportarle por todo el barco, sin hacer ruido para evitar ser vistos, entre solo dos hombres, contando que uno tiene 20 años y el otro ya 50…
-Que haría yo sin mi doctora - besándola cuando..
-Menos besos y más manos, que el jodido pesa – De la cuadra sin soltar el puro de la boca.
-Y más si uno de los transportistas está fumando en horas de trabajo.
-Ricardo déjate de chorradas y ayuda a mi hijo ¡que a mi me duelen los riñones!
-¿Ha dicho algo o se ha hecho el despistado? – pregunta la doctora.
-Nada, decía que seguramente había sido Gamboa.
-¿Qué hace que no está aquí?
-No se me ha ocurrido despertarle, ya se lo diremos luego.
En el camarote de Gamboa…
-Te lo diré otra vez, o te cambias de bando o acabarás como el pobre Víctor – propinándole otro puñetazo en el estómago - ¿queda claro?
-Yo estoy con vosotros, ¡ya lo sabes!
-No Ernesto, a mi me parece que te tomaste demasiado en serio el trabajo de facilitador pero no has sido capaz de controlar a Wilson, que era tu principal tarea – dándole una patada en sus partes nobles - La necesitamos, y si no quieres ver rodar tu cabeza ¡ya estás trayéndonosla!
-Pero el capitán y toda la tripulación…
-¿Qué son 40 muertos más para la humanidad Ernesto?, ¡NADA! – riéndose maléficamente y saliendo del camarote.
viernes, 13 de abril de 2012
Rol Parte CI (Por Lidia 2)
Julia aun no podía creer que estuviera de vuelta, sin duda las ultimas horas habían sido un calvario para ella, y a pesar de las torturas, las amenazas y los intentos de asesinato, de los que había sido víctima, todo aquello había dejado de cobrar importancia, estaba en casa, en el lugar al que por fin podía llamar hogar, y lo mas importante, había recuperado a su familia, y por encima de todas las cosas, había recuperado a su verdadero amor, Ricardo Montero.
La tripulación salio a cubierta tan pronto como divisaron la lancha, sin duda, el regreso de Julia era un gran motivo para celebrar en el Estrella, y es que todos la habían echado mucho en falta, sin duda, Julia, era la única persona del Estrella que con una sonrisa podía encandilar a todo el mundo antes de desayunar, y aunque el comienzo hubiera sido difícil para todos, realmente se habían convertido en una familia. No es de extrañar, por tanto, que los tripulantes de aquella pequeña embarcación se vieran vitoreados en cuanto tocaron la cubierta del velero.
Sin embargo, Julia se encontraba muy lejos de allí, en ese instante, su mente no podía dejar de pensar en Víctor, contra todo pronostico se había arriesgado por ella, le había salvado la vida y ella lo había dejado allí tirado, de no ser porque Ricardo le había prometido que lo rescatarían, ya hubiera dado ella misma la vuelta, pero si de algo estaba segura, era de que Ricardo Montero no prometía sin estar seguro de que podría cumplirlo. Lo que ninguno se esperaba, es que quizás tuvieran menos tiempo del esperado, y es que a unas cuantas millas de allí, Víctor, recibía el precio de ayudar a escapar al inocente, y que él, hubiera demostrado tener sentimientos, no significaba que Tom o el resto de integrantes de la corporación fueran a ser igual de compasivos.
-¡Víctor!-Gritaba un histérico Tom que entraba en la habitación con el pelo aún mojado por la incesante búsqueda de Julia que había llevado a cabo.-No hemos encontrado a Julia.-
Víctor en ese preciso instante trago saliva aliviado al comprender que Julia había logrado escapar y que al fin tendría la oportunidad de ser feliz.
-Te vas a arrepentir de esto.-Le aseguró al tiempo que algunas de las personas mas retorcidas que había a bordo de la embarcación entraban en la estancia, y no con intención de darle los buenos días.-
Julia seguía tumbada en la misma posición que hacia horas, no podía dejar de pensar en lo que Víctor había hecho por ella, a su lado, Ricardo no paraba de reflexionar sobre como ayudar al hombre que le había devuelto la fe en Dios, mientras reflexionaba, sus brazos protectores se posaban en los hombros de Julia, a los que ofrecían un abrazo silencioso, pero que mostraban todos los sentimientos que en su corazón albergaba por ella.
-Julia, no se me ocurre nada.-Dijo un abatido capitán.-
-Ricardo, tenemos que pensar en algo.-Le contesto una susurrante doctora.-
-Te prometo que lo salvaremos y lo traeremos de vuelta al Estrella.-Volvió a confirmar el capitán.-Si te lo he prometido es porque se que es importante para ti, y yo te amo con todo mi ser Julia, y seria capaz de bajarte las estrellas del cielo si eso te hiciera feliz.-
-Yo también te amo Ricardo, con todo mi corazón.-Y se inclino dulcemente para besarlo, volver a notar el contacto con sus labios le producían un millar de sentimientos reencontrados que durante el tiempo que habían permanecido separados había temido perder para siempre.-Gracias por ser mi héroe.-
-Nunca dejaría sufrir a mi princesa.-
-¿Que haremos ahora?-Dijo una voz con un fuerte acento a su interlocutor
-No os preocupéis, es hora de que entre en acción, nadie sospecha de mi, además desde el barco será mas fácil controlar todos sus movimientos, os aseguro que Julia se entregará sola, en el fondo su mayor debilidad es el amor, y siempre lo ha sido, es demasiado sentimental, nunca fue capaz de dejar a un lado los sentimientos y eso siempre fue un problema para nosotros, os aseguro que en cuanto vea el sufrimiento de aquellos a los que ama se entregará, y entonces colaborará, el Proyecto Alejandría seguirá adelante por encima de quien sea.-Y tras colgar el teléfono se permitió a si mismo un pequeño momento de regodeo pensando en la brillante idea que acaba de tener, complicada de ejecutar, sin duda, pero ofrecería grandes resultados, y por encima de todo, haría sufrir a la señorita Wilson como nunca antes lo había hecho. Y si algo tenía claro a estas alturas es que su dolor, era su felicidad.-
La tripulación salio a cubierta tan pronto como divisaron la lancha, sin duda, el regreso de Julia era un gran motivo para celebrar en el Estrella, y es que todos la habían echado mucho en falta, sin duda, Julia, era la única persona del Estrella que con una sonrisa podía encandilar a todo el mundo antes de desayunar, y aunque el comienzo hubiera sido difícil para todos, realmente se habían convertido en una familia. No es de extrañar, por tanto, que los tripulantes de aquella pequeña embarcación se vieran vitoreados en cuanto tocaron la cubierta del velero.
Sin embargo, Julia se encontraba muy lejos de allí, en ese instante, su mente no podía dejar de pensar en Víctor, contra todo pronostico se había arriesgado por ella, le había salvado la vida y ella lo había dejado allí tirado, de no ser porque Ricardo le había prometido que lo rescatarían, ya hubiera dado ella misma la vuelta, pero si de algo estaba segura, era de que Ricardo Montero no prometía sin estar seguro de que podría cumplirlo. Lo que ninguno se esperaba, es que quizás tuvieran menos tiempo del esperado, y es que a unas cuantas millas de allí, Víctor, recibía el precio de ayudar a escapar al inocente, y que él, hubiera demostrado tener sentimientos, no significaba que Tom o el resto de integrantes de la corporación fueran a ser igual de compasivos.
-¡Víctor!-Gritaba un histérico Tom que entraba en la habitación con el pelo aún mojado por la incesante búsqueda de Julia que había llevado a cabo.-No hemos encontrado a Julia.-
Víctor en ese preciso instante trago saliva aliviado al comprender que Julia había logrado escapar y que al fin tendría la oportunidad de ser feliz.
-Te vas a arrepentir de esto.-Le aseguró al tiempo que algunas de las personas mas retorcidas que había a bordo de la embarcación entraban en la estancia, y no con intención de darle los buenos días.-
Julia seguía tumbada en la misma posición que hacia horas, no podía dejar de pensar en lo que Víctor había hecho por ella, a su lado, Ricardo no paraba de reflexionar sobre como ayudar al hombre que le había devuelto la fe en Dios, mientras reflexionaba, sus brazos protectores se posaban en los hombros de Julia, a los que ofrecían un abrazo silencioso, pero que mostraban todos los sentimientos que en su corazón albergaba por ella.
-Julia, no se me ocurre nada.-Dijo un abatido capitán.-
-Ricardo, tenemos que pensar en algo.-Le contesto una susurrante doctora.-
-Te prometo que lo salvaremos y lo traeremos de vuelta al Estrella.-Volvió a confirmar el capitán.-Si te lo he prometido es porque se que es importante para ti, y yo te amo con todo mi ser Julia, y seria capaz de bajarte las estrellas del cielo si eso te hiciera feliz.-
-Yo también te amo Ricardo, con todo mi corazón.-Y se inclino dulcemente para besarlo, volver a notar el contacto con sus labios le producían un millar de sentimientos reencontrados que durante el tiempo que habían permanecido separados había temido perder para siempre.-Gracias por ser mi héroe.-
-Nunca dejaría sufrir a mi princesa.-
-¿Que haremos ahora?-Dijo una voz con un fuerte acento a su interlocutor
-No os preocupéis, es hora de que entre en acción, nadie sospecha de mi, además desde el barco será mas fácil controlar todos sus movimientos, os aseguro que Julia se entregará sola, en el fondo su mayor debilidad es el amor, y siempre lo ha sido, es demasiado sentimental, nunca fue capaz de dejar a un lado los sentimientos y eso siempre fue un problema para nosotros, os aseguro que en cuanto vea el sufrimiento de aquellos a los que ama se entregará, y entonces colaborará, el Proyecto Alejandría seguirá adelante por encima de quien sea.-Y tras colgar el teléfono se permitió a si mismo un pequeño momento de regodeo pensando en la brillante idea que acaba de tener, complicada de ejecutar, sin duda, pero ofrecería grandes resultados, y por encima de todo, haría sufrir a la señorita Wilson como nunca antes lo había hecho. Y si algo tenía claro a estas alturas es que su dolor, era su felicidad.-
domingo, 18 de marzo de 2012
Rol, Parte XCIX (Por Roberto)
La cara de Julia Wilson reflejaba el terrible sufrimiento al que estaba siendo sometida, con toques eléctricos Tom, intentaba inútilmente que la doctora les diese información.
Ojerosa y con los labios secos, Julia soportaba estoicamente poniendo en su pensamiento lo que más amaba, a Ricardo Montero; su sola imagen, el solo recuerdo de su sonrisa, le das daba el valor que necesitaba para mantenerse firme en su silencio.
Víctor la observaba desde un ojo de buey, no comprendía porque Julia prefería ser torturada en vez de hablar. Había algo fascinante en esa actitud de la doctora Wilson que a Víctor le llamaba la atención. ¿En verdad Julia estaba tan enamorada del capitán del Estrella Polar, como para darles la espalda a ellos, corriendo incluso el riesgo de morir?
Lentamente y arrastrando un poco los pies, Víctor entró en la estancia e hizo una señal al hombre que se afanaba en torturar a Julia, el hombre cesó de hacerlo y salió dejando a su víctima y a su jefe a solas.
- ¿Sigues sin querer hablar? – Víctor la miró con un tristeza repentina – dame algo Julia – le pidió de pronto – dame algo que me permita salvarte la vida. – Víctor la miró fijamente, en sus ojos Julia pudo distinguir una súplica. Él no quería matarla, a Julia le quedó claro en ese momento y una pequeña esperanza se iluminó en su corazón.
- ¿Y qué te doy? – Preguntó ella humedeciéndose los labios – ¿qué tienes Víctor? ¿Tienes algo por lo que luchar? ¿Algo tuyo? – le cuestionó con celeridad. El joven entrecerró los ojos – Ya no hay mundo, ya no hay nada de lo que teníamos; solo es el hoy, no hay pasado y el futuro nunca antes fue tan incierto.
- ¿Y tú? ¿Qué tienes tú? – Le reviró con brusquedad – Yo tengo a la compañía, si hay una mínima posibilidad de sobrevivir es con ellos – afirmó mirándola con fijeza.
- Yo tengo una familia – respondió ella con sencillez – Un hombre al que amo y que me ama, unas hijas que no son mías pero como si lo fueran; amigos que darían su vida por mí, del mismo modo que yo la daría por ellos. – Víctor se quedó en silencio, sopesando lo que Julia le decía. – ¿Y tú? ¿Crees que alguno de “tus amigos”, daría la vida por ti? – El hombre la miró durante un largo rato.
Víctor había sido testigo mudo en ocasiones innumerables de lo que hacía la Compañía cuando alguien ya no le era de utilidad. En el fondo tuvo que reconocer que Julia tenía razón, ella poseía por lo menos la amistad de gente a su alrededor que luchaba por lo mismo. Eran una familia.
Lentamente se giró y se dirigió a la puerta, la miró de nuevo sin emitir palabra alguna y después salió. Julia cerró loso ojos con fuerza, la poca que le quedaba ya. Sabía que iba a morir.
-- Este plan es descabellado - dijo Julián, mirando las anotaciones que Gamboa le había dado a Ricardo - tan pronto como nos acerquemos al submarino nos detectarán con el radar.
- Eso no pasará – se defendió Gamboa – Ramiro ha preparado un sistema en unos artefactos para que no nos capte el radar durante un tiempo.
- Una hora – informó Ramiro – tenéis una hora para hacerlo.
- Saldremos a las 400 – os quiero a todos listos en cubierta – informó el capitán – Ulises, Gamboa, Palomares y yo iremos al submarino – Ricardo les miró – los demás se quedan a vigilar y a cuidarnos las espaldas.
Media hora más tarde de la hora señalada, el capitán Montero y sus acompañantes se dejaron caer en las oscuras y profundas aguas del mar, buscando desesperadamente la manera de salvar a Julia. Los demás habían tomado sus lugares en cubierta para estar al pendiente de lo que pudiera pasar.
Sabían que era arriesgado y que más de uno podía morir, pero descartaron ese pensamiento, con la férrea voluntad de salvarla, Julia era para todos, una parte muy importante de esa familia que habían construido en este nuevo mundo.
Víctor meditaba lo sucedido con Julia, le preocupaba la decisión que habían tomado sus superiores, conocía a Julia y sabía que no diría más. No le quedaba más que cumplir las órdenes. Esas frías órdenes que el propio Philippe le había transmitido. No entendía, cómo ni siquiera él, que había tenido una relación tan cercana a la Doctora Wilson, había ido a verla.
Julia tenía razón, la Compañía no tenía sentimientos ni se tentaba el corazón para eliminar a quién ya no le servía.
Bajó las escaleras para dirigirse a su fatídica cita. Abrió la puerta y miró a Julia. Ella se encontraba atada por las manos a un gancho en la pared, con las piernas atadas sobre el suelo. Ella lo miró mientras él se acercaba. Víctor sacó entonces un cuchillo y se paró frente a ella.
- Así que ha llegado la hora ¿no? – inquirió Julia. Víctor no le respondió, se puso en cuclillas y con el filo de la pieza cortante que llevaba en la mano, rasgo las cuerdas que aprisionaban las piernas de Julia.
- Guarda silencio – le dijo entonces, Víctor la descolgó del gancho y cortó también las ligaduras de sus manos. Después miró a Julia detenidamente mientras apretaba la mandíbula – Voy a sacarte de aquí – añadió. – seguramente acabaré mal por lo que voy a hacer, pero te mereces seguir tu sueño.
Julia puso su mirada en los ojos de él, había un dejo amistoso en ellos y la doctora sonrió. Por un momento respiró tranquila, aunque sabía que no era fácil salir de allí. Víctor la guió por largos e interminables pasillos hasta una escotilla. Faltaban apenas unos minutos para las 500.
-En un momento el submarino ascenderá, y tú podrás salir y marcharte, colócate el traje – le dijo señalando la ropa de submarinista. Julia se lo puso.
- ¿Cómo has hecho para que el submarino suba? – preguntó Julia.
- Todos los días el submarino va a la superficie a unas horas determinadas, así que aprovecharemos eso para que te vayas.
Julia ser acercó e él, y en un impulso lo abrazó, Víctor sorprendido9, la abrazó también. En ese momento el submarino comenzó su ascenso. Víctor comenzó abrir la puerta escotilla. Justo en ese instante cuando el submarino había emergido a la superficie, Ricardo Montero y los hombres que iban con él, llegaron hasta una pequeña entrada que Gamboa les había señalado, intentaron abrirla sin éxito.
Un hombre salió del interior del submarino por otra puerta que se cerró tras él, encendió un cigarrillo mientras clavaba su mirada en el horizonte. De pronto un seco golpe llenó de oscuridad su conciencia. Gamboa le había propinado un contundente golpe en la cabeza dejándolo inconsciente.
- Tenemos que entrar o el tiempo se acaba – les dijo los demás.
La pequeña puerta por la que habían intentado acceder antes se abrió de pronto, poniéndolos en alerta. Justo cuando Ricardo iba a golpear a la persona que salía a través de ella, un grito se escuchó y dejó paralizada el puño del capitán.
- ¡Ricardo no! – la doctora se abrazó al capitán para evitar que este golpeara a Víctor.
Víctor les miró y sonrió.
- Tenías razón doctora – comentó mirándola – tu familia está aquí para rescatarte. Julia devolvió la sonrisa. – Marcharos.
- Te hemos dejado un regalito – dijo Gamboa señalando el cuerpo inerte de Philippe. Víctor lo miró y sonrió de nuevo.
- Ven con nosotros – pidió Julia – te matarán si te quedas.
- No te preocupes – le dijo con voz tranquilizadora – me las apañaré. Estaremos en contacto – añadió mirando a Ricardo. – Iros ya.
Los hombres vestidos de submarinistas, se tiraron al agua justo cuando una sonora alarma comenzó a emitir un frenético ruido de advertencia.
Ojerosa y con los labios secos, Julia soportaba estoicamente poniendo en su pensamiento lo que más amaba, a Ricardo Montero; su sola imagen, el solo recuerdo de su sonrisa, le das daba el valor que necesitaba para mantenerse firme en su silencio.
Víctor la observaba desde un ojo de buey, no comprendía porque Julia prefería ser torturada en vez de hablar. Había algo fascinante en esa actitud de la doctora Wilson que a Víctor le llamaba la atención. ¿En verdad Julia estaba tan enamorada del capitán del Estrella Polar, como para darles la espalda a ellos, corriendo incluso el riesgo de morir?
Lentamente y arrastrando un poco los pies, Víctor entró en la estancia e hizo una señal al hombre que se afanaba en torturar a Julia, el hombre cesó de hacerlo y salió dejando a su víctima y a su jefe a solas.
- ¿Sigues sin querer hablar? – Víctor la miró con un tristeza repentina – dame algo Julia – le pidió de pronto – dame algo que me permita salvarte la vida. – Víctor la miró fijamente, en sus ojos Julia pudo distinguir una súplica. Él no quería matarla, a Julia le quedó claro en ese momento y una pequeña esperanza se iluminó en su corazón.
- ¿Y qué te doy? – Preguntó ella humedeciéndose los labios – ¿qué tienes Víctor? ¿Tienes algo por lo que luchar? ¿Algo tuyo? – le cuestionó con celeridad. El joven entrecerró los ojos – Ya no hay mundo, ya no hay nada de lo que teníamos; solo es el hoy, no hay pasado y el futuro nunca antes fue tan incierto.
- ¿Y tú? ¿Qué tienes tú? – Le reviró con brusquedad – Yo tengo a la compañía, si hay una mínima posibilidad de sobrevivir es con ellos – afirmó mirándola con fijeza.
- Yo tengo una familia – respondió ella con sencillez – Un hombre al que amo y que me ama, unas hijas que no son mías pero como si lo fueran; amigos que darían su vida por mí, del mismo modo que yo la daría por ellos. – Víctor se quedó en silencio, sopesando lo que Julia le decía. – ¿Y tú? ¿Crees que alguno de “tus amigos”, daría la vida por ti? – El hombre la miró durante un largo rato.
Víctor había sido testigo mudo en ocasiones innumerables de lo que hacía la Compañía cuando alguien ya no le era de utilidad. En el fondo tuvo que reconocer que Julia tenía razón, ella poseía por lo menos la amistad de gente a su alrededor que luchaba por lo mismo. Eran una familia.
Lentamente se giró y se dirigió a la puerta, la miró de nuevo sin emitir palabra alguna y después salió. Julia cerró loso ojos con fuerza, la poca que le quedaba ya. Sabía que iba a morir.
-- Este plan es descabellado - dijo Julián, mirando las anotaciones que Gamboa le había dado a Ricardo - tan pronto como nos acerquemos al submarino nos detectarán con el radar.
- Eso no pasará – se defendió Gamboa – Ramiro ha preparado un sistema en unos artefactos para que no nos capte el radar durante un tiempo.
- Una hora – informó Ramiro – tenéis una hora para hacerlo.
- Saldremos a las 400 – os quiero a todos listos en cubierta – informó el capitán – Ulises, Gamboa, Palomares y yo iremos al submarino – Ricardo les miró – los demás se quedan a vigilar y a cuidarnos las espaldas.
Media hora más tarde de la hora señalada, el capitán Montero y sus acompañantes se dejaron caer en las oscuras y profundas aguas del mar, buscando desesperadamente la manera de salvar a Julia. Los demás habían tomado sus lugares en cubierta para estar al pendiente de lo que pudiera pasar.
Sabían que era arriesgado y que más de uno podía morir, pero descartaron ese pensamiento, con la férrea voluntad de salvarla, Julia era para todos, una parte muy importante de esa familia que habían construido en este nuevo mundo.
Víctor meditaba lo sucedido con Julia, le preocupaba la decisión que habían tomado sus superiores, conocía a Julia y sabía que no diría más. No le quedaba más que cumplir las órdenes. Esas frías órdenes que el propio Philippe le había transmitido. No entendía, cómo ni siquiera él, que había tenido una relación tan cercana a la Doctora Wilson, había ido a verla.
Julia tenía razón, la Compañía no tenía sentimientos ni se tentaba el corazón para eliminar a quién ya no le servía.
Bajó las escaleras para dirigirse a su fatídica cita. Abrió la puerta y miró a Julia. Ella se encontraba atada por las manos a un gancho en la pared, con las piernas atadas sobre el suelo. Ella lo miró mientras él se acercaba. Víctor sacó entonces un cuchillo y se paró frente a ella.
- Así que ha llegado la hora ¿no? – inquirió Julia. Víctor no le respondió, se puso en cuclillas y con el filo de la pieza cortante que llevaba en la mano, rasgo las cuerdas que aprisionaban las piernas de Julia.
- Guarda silencio – le dijo entonces, Víctor la descolgó del gancho y cortó también las ligaduras de sus manos. Después miró a Julia detenidamente mientras apretaba la mandíbula – Voy a sacarte de aquí – añadió. – seguramente acabaré mal por lo que voy a hacer, pero te mereces seguir tu sueño.
Julia puso su mirada en los ojos de él, había un dejo amistoso en ellos y la doctora sonrió. Por un momento respiró tranquila, aunque sabía que no era fácil salir de allí. Víctor la guió por largos e interminables pasillos hasta una escotilla. Faltaban apenas unos minutos para las 500.
-En un momento el submarino ascenderá, y tú podrás salir y marcharte, colócate el traje – le dijo señalando la ropa de submarinista. Julia se lo puso.
- ¿Cómo has hecho para que el submarino suba? – preguntó Julia.
- Todos los días el submarino va a la superficie a unas horas determinadas, así que aprovecharemos eso para que te vayas.
Julia ser acercó e él, y en un impulso lo abrazó, Víctor sorprendido9, la abrazó también. En ese momento el submarino comenzó su ascenso. Víctor comenzó abrir la puerta escotilla. Justo en ese instante cuando el submarino había emergido a la superficie, Ricardo Montero y los hombres que iban con él, llegaron hasta una pequeña entrada que Gamboa les había señalado, intentaron abrirla sin éxito.
Un hombre salió del interior del submarino por otra puerta que se cerró tras él, encendió un cigarrillo mientras clavaba su mirada en el horizonte. De pronto un seco golpe llenó de oscuridad su conciencia. Gamboa le había propinado un contundente golpe en la cabeza dejándolo inconsciente.
- Tenemos que entrar o el tiempo se acaba – les dijo los demás.
La pequeña puerta por la que habían intentado acceder antes se abrió de pronto, poniéndolos en alerta. Justo cuando Ricardo iba a golpear a la persona que salía a través de ella, un grito se escuchó y dejó paralizada el puño del capitán.
- ¡Ricardo no! – la doctora se abrazó al capitán para evitar que este golpeara a Víctor.
Víctor les miró y sonrió.
- Tenías razón doctora – comentó mirándola – tu familia está aquí para rescatarte. Julia devolvió la sonrisa. – Marcharos.
- Te hemos dejado un regalito – dijo Gamboa señalando el cuerpo inerte de Philippe. Víctor lo miró y sonrió de nuevo.
- Ven con nosotros – pidió Julia – te matarán si te quedas.
- No te preocupes – le dijo con voz tranquilizadora – me las apañaré. Estaremos en contacto – añadió mirando a Ricardo. – Iros ya.
Los hombres vestidos de submarinistas, se tiraron al agua justo cuando una sonora alarma comenzó a emitir un frenético ruido de advertencia.
martes, 28 de febrero de 2012
Rol, parte XCVIII (por Miriam)
Después de haber recopilado toda la información que creía menester, Ricardo al fin se había decidido a realizar el ultimo paso de su plan de rescate, hablar con la única persona que podría proporcionarle a ciencia cierta una pista sobre el paradero de su amada, lo que el capitán desconocía, es que lejos de las suposiciones iniciales de Julián, Julia no era tratada como una reina ni mucho menos, en los barrotes invisibles de su celda de cristal, estaba recibiendo el cobro que tenía desafiar al poder.
-Aunque confiar en usted sea lo último que deseo, la vida de la mujer que ambos amamos esta en sus manos, así que le ruego, que me ayude a devolverla de nuevo al lugar al que pertenece, este barco.-A pesar de las diversas situaciones en las que se habían visto envueltos, nunca jamás había visto al capitán en este estado, y quizás a pesar de su coraza y el odio que le profería no pudo evitar comenzar a comprender el porque Julia, lo había elegido precisamente a él.-
-Capitán Montero, esto es todo lo que necesita.-Exclamó el hombre sorprendido de sus propios actos al entregarle una hoja con los datos que necesitaba, y ambos sabían, que para los dos hombres que ocupaban esa sala, significaban lo mismo, la vida.-
-Gracias Gamboa.-
Pero quizás aquel acto no fuera suficiente, y es que a pesar que el amor lo puede todo, a veces la maldad puede destruir aquello que este ha creado. Y aunque Julia sabía que en el fondo el hombre que ocupaba su corazón la salvaría, no pudo evitar que la duda surgiese en ella, amenazándola con arrancarle el corazón, ante el nuevo impulso eléctrico que recibió. Su mente se hallaba en la tortura que estaba sufriendo, su corazón con su verdadero dueño, Ricardo Montero.
-Aunque confiar en usted sea lo último que deseo, la vida de la mujer que ambos amamos esta en sus manos, así que le ruego, que me ayude a devolverla de nuevo al lugar al que pertenece, este barco.-A pesar de las diversas situaciones en las que se habían visto envueltos, nunca jamás había visto al capitán en este estado, y quizás a pesar de su coraza y el odio que le profería no pudo evitar comenzar a comprender el porque Julia, lo había elegido precisamente a él.-
-Capitán Montero, esto es todo lo que necesita.-Exclamó el hombre sorprendido de sus propios actos al entregarle una hoja con los datos que necesitaba, y ambos sabían, que para los dos hombres que ocupaban esa sala, significaban lo mismo, la vida.-
-Gracias Gamboa.-
Pero quizás aquel acto no fuera suficiente, y es que a pesar que el amor lo puede todo, a veces la maldad puede destruir aquello que este ha creado. Y aunque Julia sabía que en el fondo el hombre que ocupaba su corazón la salvaría, no pudo evitar que la duda surgiese en ella, amenazándola con arrancarle el corazón, ante el nuevo impulso eléctrico que recibió. Su mente se hallaba en la tortura que estaba sufriendo, su corazón con su verdadero dueño, Ricardo Montero.
lunes, 27 de febrero de 2012
Rol, parte XCVII (por Nago)
Mientras en el Estrella Polar
Tienes toda la razón Julián, lo sé –dijo Ricardo de pronto, apesadumbrado
Pero este sentimiento es más fuerte que yo, que mi férrea voluntad de capitán que debe sobreponerse a todo para mantener a salvo a su tripulación, no puedo controlarlo-continuaba diciendo en voz alta mientras miraba a Julián que en ese momento, y conociendo la responsabilidad de su amigo, comprobó la magnitud de sus sentimientos hacia Julia, y recordando lo mucho que había sufrido con la marcha de Marisa, comprendió que no podría superar la falta de Julia.
Desafortunadamente los dos amigos ignoraban lo que estaba a punto de ocurrir no muy lejos de allí.
Submarino del Proyecto Alejandría
Estás seguro que yo resulto innecesaria-dijo Julia, mirando desafiante a Víctor con todo el aplomo que pudo reunir y sin cambiar un ápice el odio y la repulsión que sus ojos desprendían.
En ese momento Víctor se sintió descolocado, no se esperaba en absoluto dicha reacción de Julia y menos cuando tenía una pistola en la sien.
Sí, por supuesto, hace mucho tiempo que resultas innecesaria, no sé cómo sigues viva todavía, supongo que gracias a tus artes enloqueciendo a los hombres adecuados en el momento preciso- le contestó Víctor, haciendo patente su autoridad y sin quitar en ningún momento la pistola de su sien.
Eso crees?- Contestó Julia
Pues permíteme que antes de cumplir con tu misión, te diga que te equivocas en ambas cosas-prosiguió Julia
La primera, si cumples con el encargo, lo descubriréis más pronto de lo que puedas imaginar y la segunda, para que entendieras lo que significa y proporciona un sentimiento tan maravilloso que cambia la vida de quien lo disfruta, y que es responsable de que alguien sea capaz de cometer los actos más atrevidos por defenderlo, sería necesario que tuvieras sentimientos y un corazón que no esté endurecido como una piedra, pero no es este caso así que mejor ignorarlo- le contestó Julia, mientras observaba el desconcierto patente en el rostro de él.
Conocía las órdenes, éstas eran claras y concisas, pero sabía también por anteriores ocasiones que Julia no decía las cosas en vano, y a pesar de que considerarle carente de sentimientos, le hizo mella, no era eso lo que más le preocupaba de sus palabras, así que decidió retirar la pistola y volver a encerrarla mientras se ponía en contacto con sus superiores.
De vuelta en el Estrella Polar
Está bien Ricardo, cuenta conmigo para lo que necesites-dijo Julián con convencimiento y dándole un abrazo para transmitirle toda su fuerza y consuelo.
Tras ello, ambos entraron en el puente de mando, necesitaban recopilar toda la posible información que pudiesen recordar sobre las personas a quiénes se iban a enfrentar, e idear un plan que consiguiese disminuir en algo el riesgo de la suicida operación de rescate.
Mientras pensaban e ideaban todo ello, entraron en la estancia Ulises y Burbuja para poder ayudar en lo que fuera posible.
Con un cruce de miradas, el Capitán y Burbuja se entendieron.
Ulises, por favor, encárgate de mantener a salvo el Estrella y cuida bien de nuestras chicas-le dijo el Capitán mientras le guiñaba un ojo y le sonreía para infundirle unos ánimos que él hacía mucho que no tenía.
Una vez salió Ulises de allí, Ricardo habló con Julián para ponerle en antecedentes e intentar disminuir el posible shock que podía producirle el comprobar que Burbuja era en realidad Roberto.
Después de ello, Roberto les explicó todo lo que recordaba y conocía sobre ellos y les hizo darse cuenta de que al esconderse en un submarino, tendrían que conseguir de alguna forma, que salieran a la superficie, de otro modo no tendrían a penas posibilidades.
Es importante que nadie más conozca que no soy Burbuja, y menos aún Gamboa-dijo Roberto mirando fijamente a ambos mientras éstos movían la cabeza en signo de aceptación.
Al cabo de un rato ya tenían todos los cabos atados.
Conseguiremos rescatar a Julia- decían Julián y Roberto a Ricardo con seguridad y pensando en que se lo debían por lo mucho que él había hecho por ellos.
En el Submarino del Proyecto Alejandría
Espero que funcione y ganar tiempo para poder salvar mi vida sin condenar la suya, merezco pasar por todo estopor estar involucrada en toda esta catástrofe, aun habiendo sido inconscientemente-se decía Julia mientras recordaba sin parar sus mejores noches junto a Ricardo y cómo se había enamorado poco a poco de él sin darse cuenta.
Vivir sin él sería una tortura, y más si su muerte o la de su familia llega a recaer sobre mi conciencia-pensaba mientras empezaba a recordar nuevamente el tacto de su piel, el sabor de sus labios y la forma tan torpe de expresarse cuando se acercaba a él y conseguía volverlo loco, sólo pensar en no volver a sentirlo le hacía estremecer.
En otra habitación del Submarino
Has cumplido con tu misión, Víctor?-preguntaba una voz maliciosa y ronca
No Señor, aún no , verá, comenzó a desafiarme diciendo que si realmente la considerábamos innecesaria nos equivocábamos y por experiencias anteriores, ya sabemos que Julia no amenaza en vano-Intentaba exculparse Víctor, mientras seguía exponiendo sus pensamientos para no haber cumplido con su misión.
Veremos realmente si es innecesaria o no, lo comprobaremos-dijo la voz, mientras reía maliciosamente y Víctor aprovechaba para recuperar un poco la respiración.
Tienes toda la razón Julián, lo sé –dijo Ricardo de pronto, apesadumbrado
Pero este sentimiento es más fuerte que yo, que mi férrea voluntad de capitán que debe sobreponerse a todo para mantener a salvo a su tripulación, no puedo controlarlo-continuaba diciendo en voz alta mientras miraba a Julián que en ese momento, y conociendo la responsabilidad de su amigo, comprobó la magnitud de sus sentimientos hacia Julia, y recordando lo mucho que había sufrido con la marcha de Marisa, comprendió que no podría superar la falta de Julia.
Desafortunadamente los dos amigos ignoraban lo que estaba a punto de ocurrir no muy lejos de allí.
Submarino del Proyecto Alejandría
Estás seguro que yo resulto innecesaria-dijo Julia, mirando desafiante a Víctor con todo el aplomo que pudo reunir y sin cambiar un ápice el odio y la repulsión que sus ojos desprendían.
En ese momento Víctor se sintió descolocado, no se esperaba en absoluto dicha reacción de Julia y menos cuando tenía una pistola en la sien.
Sí, por supuesto, hace mucho tiempo que resultas innecesaria, no sé cómo sigues viva todavía, supongo que gracias a tus artes enloqueciendo a los hombres adecuados en el momento preciso- le contestó Víctor, haciendo patente su autoridad y sin quitar en ningún momento la pistola de su sien.
Eso crees?- Contestó Julia
Pues permíteme que antes de cumplir con tu misión, te diga que te equivocas en ambas cosas-prosiguió Julia
La primera, si cumples con el encargo, lo descubriréis más pronto de lo que puedas imaginar y la segunda, para que entendieras lo que significa y proporciona un sentimiento tan maravilloso que cambia la vida de quien lo disfruta, y que es responsable de que alguien sea capaz de cometer los actos más atrevidos por defenderlo, sería necesario que tuvieras sentimientos y un corazón que no esté endurecido como una piedra, pero no es este caso así que mejor ignorarlo- le contestó Julia, mientras observaba el desconcierto patente en el rostro de él.
Conocía las órdenes, éstas eran claras y concisas, pero sabía también por anteriores ocasiones que Julia no decía las cosas en vano, y a pesar de que considerarle carente de sentimientos, le hizo mella, no era eso lo que más le preocupaba de sus palabras, así que decidió retirar la pistola y volver a encerrarla mientras se ponía en contacto con sus superiores.
De vuelta en el Estrella Polar
Está bien Ricardo, cuenta conmigo para lo que necesites-dijo Julián con convencimiento y dándole un abrazo para transmitirle toda su fuerza y consuelo.
Tras ello, ambos entraron en el puente de mando, necesitaban recopilar toda la posible información que pudiesen recordar sobre las personas a quiénes se iban a enfrentar, e idear un plan que consiguiese disminuir en algo el riesgo de la suicida operación de rescate.
Mientras pensaban e ideaban todo ello, entraron en la estancia Ulises y Burbuja para poder ayudar en lo que fuera posible.
Con un cruce de miradas, el Capitán y Burbuja se entendieron.
Ulises, por favor, encárgate de mantener a salvo el Estrella y cuida bien de nuestras chicas-le dijo el Capitán mientras le guiñaba un ojo y le sonreía para infundirle unos ánimos que él hacía mucho que no tenía.
Una vez salió Ulises de allí, Ricardo habló con Julián para ponerle en antecedentes e intentar disminuir el posible shock que podía producirle el comprobar que Burbuja era en realidad Roberto.
Después de ello, Roberto les explicó todo lo que recordaba y conocía sobre ellos y les hizo darse cuenta de que al esconderse en un submarino, tendrían que conseguir de alguna forma, que salieran a la superficie, de otro modo no tendrían a penas posibilidades.
Es importante que nadie más conozca que no soy Burbuja, y menos aún Gamboa-dijo Roberto mirando fijamente a ambos mientras éstos movían la cabeza en signo de aceptación.
Al cabo de un rato ya tenían todos los cabos atados.
Conseguiremos rescatar a Julia- decían Julián y Roberto a Ricardo con seguridad y pensando en que se lo debían por lo mucho que él había hecho por ellos.
En el Submarino del Proyecto Alejandría
Espero que funcione y ganar tiempo para poder salvar mi vida sin condenar la suya, merezco pasar por todo estopor estar involucrada en toda esta catástrofe, aun habiendo sido inconscientemente-se decía Julia mientras recordaba sin parar sus mejores noches junto a Ricardo y cómo se había enamorado poco a poco de él sin darse cuenta.
Vivir sin él sería una tortura, y más si su muerte o la de su familia llega a recaer sobre mi conciencia-pensaba mientras empezaba a recordar nuevamente el tacto de su piel, el sabor de sus labios y la forma tan torpe de expresarse cuando se acercaba a él y conseguía volverlo loco, sólo pensar en no volver a sentirlo le hacía estremecer.
En otra habitación del Submarino
Has cumplido con tu misión, Víctor?-preguntaba una voz maliciosa y ronca
No Señor, aún no , verá, comenzó a desafiarme diciendo que si realmente la considerábamos innecesaria nos equivocábamos y por experiencias anteriores, ya sabemos que Julia no amenaza en vano-Intentaba exculparse Víctor, mientras seguía exponiendo sus pensamientos para no haber cumplido con su misión.
Veremos realmente si es innecesaria o no, lo comprobaremos-dijo la voz, mientras reía maliciosamente y Víctor aprovechaba para recuperar un poco la respiración.
domingo, 26 de febrero de 2012
Rol, parte XCVI (por Leti)
Llevaba horas levantado, organizando y ayudando a ponerlo todo en orden. Después de lo que había pasado, los ánimos de la tripulación no estaban muy altos y sus jefes estaban más impacientes que nunca. Él solo recibía órdenes y, como buen militar, siempre las cumplía aunque en ocasiones le hubiera gustado revelarse contra ellos. Sabía que no podría ganar.
Después del accidente del acelerador de partículas había perdido a toda su familia y lo único que le quedaba era su trabajo y sus compañeros. Aquellos que en cualquier momento que se descuidase, le clavarían un puñal por la espalda. Él era experto en las comunicaciones del submarino y también se encargaba de “las otras misiones” que le encomendaban.
La situación se había vuelto muy tensa estas últimas semanas, desde el secuestro de Salomé, simplemente para conseguir tener a los del Estrella Polar a su completa disposición. Más tarde fue la pequeña Valeria la secuestrada y, por mucho que a él no le hiciese gracia su padre, la niña no se merecía aquello. Después de lo ocurrido, habían conseguido el mejor rehén que podrían soñar: Julia. Ella tenía todas las claves para encontrar aquella isla. Sus jefes (y también él) tenían la certeza de que le conseguirían sonsacar esa información tan valiosa.
Víctor siguió caminando sumido en sus pensamientos por el largo pasillo hasta que llegó a la sala de armamento.
-Aquí tienes- dijo un suboficial a la vez que le tendía una Colt del calibre 45.
Víctor la tomó y comprobó el cargador. Cuando salió de la habitación paró durante unos segundos y esbozó una media sonrisa de tristeza. En ocasiones como esta, aborrecía su trabajo y las órdenes, sobre todo eso.
Acto seguido continuó su marcha hacia la sala de interrogatorios.
Mientras tanto, en el Estrella Polar…
Hacía apenas un día desde que Julia no estaba con ellos. La tripulación parecía mucho más calmada, pero solo eran apariencias. Sabían lo mal que lo estaba pasando el capitán y no querían meter más leña al fuego.
La enfermería estaba a rebosar, la más grave era Estela que, tras el disparo en su pierna derecha, Salomé había sido la encargada de sacarle la bala y de curarla. Por ahora, estaba fuera de peligro.
-Ricardo, leches, tranquilízate ya hombre- vociferó Julián a su amigo cogiéndole del brazo derecho y obligándole a retroceder.
-Tenemos que ir a rescatarla Julián, yo no puedo…. Tengo que ir a salvarla- Ricardo tenía los ojos vidriosos por la rabia y emoción que sentía al no poder, al sentirse tan impotente tras la marcha de Julia.- ¡Dime una cosa Julián! ¿Cómo estabas tú tras el secuestro de Salomé, eh? ¿Cómo estabas?
-Ricardo- contestó su amigo con una serenidad extraña en él- tienes que tener la mente fría. Toda la tripulación depende de ti- De la Cuadra le pasó una mano por los hombros y le dio unas palmaditas en la espalda, para animarlo- Piénsalo, Ricardo. Se han llevado a Julia, sí. Pero es la persona más valiosa para ellos joder, ¡seguro que la tratan mejor que a una reina!
-No me fío de ellos, me da igual lo que digan, lo que pidan o lo que quieran de ella. Quiero a Julia de vuelta- le propinó un pequeño empujón a Julián y consiguió separase de él. Así Ricardo pudo continuar preparando la zodiac.
Julián lo miró con desdén y movió ligeramente la cabeza negando a ambos lados. Ricardo tenía que hacer algo para mantenerse ocupado y no pensar. Ellos no tenían ni la más remota idea de dónde podían tener a Julia presa. Ricardo tenía que ir aceptando que la habían perdido a no ser que se dignasen a llamar para hacer una negociación. Cosa que De la Cuadra dudaba.
De vuelta al submarino del Proyecto Alejandría
Víctor observaba a través del espejo, como Julia se negaba a responder a las preguntas que su compañero, le hacía. Julia tenía los ojos vidriosos pero, a pesar de todo, se mantenía firme y se negaba a responder.
Sus órdenes eran bien claras, acabar con ella si ésta seguía negándose a cooperar. Víctor suspiró, y miró la Colt que tenía entre las manos. Un buen soldado siempre acataba las órdenes. Después no habría vuelta atrás.
Guardó la pistola y la sujetó en su cinturón, a su espalda. Esperó durante unos momentos a que su compañero saliese de la sala de interrogatorios y, cuando lo hizo, entro él. La expresión de Julia permanecía impasible salvo su mirada, que desprendía un profundo odio y repulsión hacia él.
-Deberías haber cooperado con nosotros… Mucho mejor te habrían ido las cosas.
-No pienso ayudaros en nada. ¡No sé donde está la isla y, aunque lo supiese, jamás os lo diría!
-Una lástima que resultes tan poco convincente. ¿Sabes lo que le pasa a la gente que no coopera, verdad? Creo que ya estuviste en una experiencia parecida antes de todo esto- Víctor entrecerró los ojos. Había leído su historial y sabía que tiempo atrás Julia se había negado a continuar en el proyecto y, por lo tanto, estuvo a punto de ser eliminada.
Se alejó poco a poco de la mesa y cruzó la distancia que lo separaba de Julia hasta situarse a su izquierda, un poco detrás de ella. Ella apenas se movió ante su cambio de posición.
-¿Qué me vas a hacer?- le extrañaba la actitud del otro, que por lo general el que la había interrogado se había limitado a hacerle preguntas no a permanecer callado.
-Lo que hacemos con todos los que nos resultan… innecesarios- Víctor se aproximó a ella, sacó la pistola, se la colocó en la sien a Julia y…
Después del accidente del acelerador de partículas había perdido a toda su familia y lo único que le quedaba era su trabajo y sus compañeros. Aquellos que en cualquier momento que se descuidase, le clavarían un puñal por la espalda. Él era experto en las comunicaciones del submarino y también se encargaba de “las otras misiones” que le encomendaban.
La situación se había vuelto muy tensa estas últimas semanas, desde el secuestro de Salomé, simplemente para conseguir tener a los del Estrella Polar a su completa disposición. Más tarde fue la pequeña Valeria la secuestrada y, por mucho que a él no le hiciese gracia su padre, la niña no se merecía aquello. Después de lo ocurrido, habían conseguido el mejor rehén que podrían soñar: Julia. Ella tenía todas las claves para encontrar aquella isla. Sus jefes (y también él) tenían la certeza de que le conseguirían sonsacar esa información tan valiosa.
Víctor siguió caminando sumido en sus pensamientos por el largo pasillo hasta que llegó a la sala de armamento.
-Aquí tienes- dijo un suboficial a la vez que le tendía una Colt del calibre 45.
Víctor la tomó y comprobó el cargador. Cuando salió de la habitación paró durante unos segundos y esbozó una media sonrisa de tristeza. En ocasiones como esta, aborrecía su trabajo y las órdenes, sobre todo eso.
Acto seguido continuó su marcha hacia la sala de interrogatorios.
Mientras tanto, en el Estrella Polar…
Hacía apenas un día desde que Julia no estaba con ellos. La tripulación parecía mucho más calmada, pero solo eran apariencias. Sabían lo mal que lo estaba pasando el capitán y no querían meter más leña al fuego.
La enfermería estaba a rebosar, la más grave era Estela que, tras el disparo en su pierna derecha, Salomé había sido la encargada de sacarle la bala y de curarla. Por ahora, estaba fuera de peligro.
-Ricardo, leches, tranquilízate ya hombre- vociferó Julián a su amigo cogiéndole del brazo derecho y obligándole a retroceder.
-Tenemos que ir a rescatarla Julián, yo no puedo…. Tengo que ir a salvarla- Ricardo tenía los ojos vidriosos por la rabia y emoción que sentía al no poder, al sentirse tan impotente tras la marcha de Julia.- ¡Dime una cosa Julián! ¿Cómo estabas tú tras el secuestro de Salomé, eh? ¿Cómo estabas?
-Ricardo- contestó su amigo con una serenidad extraña en él- tienes que tener la mente fría. Toda la tripulación depende de ti- De la Cuadra le pasó una mano por los hombros y le dio unas palmaditas en la espalda, para animarlo- Piénsalo, Ricardo. Se han llevado a Julia, sí. Pero es la persona más valiosa para ellos joder, ¡seguro que la tratan mejor que a una reina!
-No me fío de ellos, me da igual lo que digan, lo que pidan o lo que quieran de ella. Quiero a Julia de vuelta- le propinó un pequeño empujón a Julián y consiguió separase de él. Así Ricardo pudo continuar preparando la zodiac.
Julián lo miró con desdén y movió ligeramente la cabeza negando a ambos lados. Ricardo tenía que hacer algo para mantenerse ocupado y no pensar. Ellos no tenían ni la más remota idea de dónde podían tener a Julia presa. Ricardo tenía que ir aceptando que la habían perdido a no ser que se dignasen a llamar para hacer una negociación. Cosa que De la Cuadra dudaba.
De vuelta al submarino del Proyecto Alejandría
Víctor observaba a través del espejo, como Julia se negaba a responder a las preguntas que su compañero, le hacía. Julia tenía los ojos vidriosos pero, a pesar de todo, se mantenía firme y se negaba a responder.
Sus órdenes eran bien claras, acabar con ella si ésta seguía negándose a cooperar. Víctor suspiró, y miró la Colt que tenía entre las manos. Un buen soldado siempre acataba las órdenes. Después no habría vuelta atrás.
Guardó la pistola y la sujetó en su cinturón, a su espalda. Esperó durante unos momentos a que su compañero saliese de la sala de interrogatorios y, cuando lo hizo, entro él. La expresión de Julia permanecía impasible salvo su mirada, que desprendía un profundo odio y repulsión hacia él.
-Deberías haber cooperado con nosotros… Mucho mejor te habrían ido las cosas.
-No pienso ayudaros en nada. ¡No sé donde está la isla y, aunque lo supiese, jamás os lo diría!
-Una lástima que resultes tan poco convincente. ¿Sabes lo que le pasa a la gente que no coopera, verdad? Creo que ya estuviste en una experiencia parecida antes de todo esto- Víctor entrecerró los ojos. Había leído su historial y sabía que tiempo atrás Julia se había negado a continuar en el proyecto y, por lo tanto, estuvo a punto de ser eliminada.
Se alejó poco a poco de la mesa y cruzó la distancia que lo separaba de Julia hasta situarse a su izquierda, un poco detrás de ella. Ella apenas se movió ante su cambio de posición.
-¿Qué me vas a hacer?- le extrañaba la actitud del otro, que por lo general el que la había interrogado se había limitado a hacerle preguntas no a permanecer callado.
-Lo que hacemos con todos los que nos resultan… innecesarios- Víctor se aproximó a ella, sacó la pistola, se la colocó en la sien a Julia y…
viernes, 10 de febrero de 2012
Rol, parte XCV (por Silvia)
Blanco, el techo era blanco con puntitos blancos mas pequeños en total sumaban 1254 por baldosa, por un momento el silencio sepulcral y la claridad del lugar le recordó a esa casita retirada de toda civilización en mitad de un valle en el norte de suiza qye había alquilado aquella vez... si, allí si que podía respirarse la tranquilidad, el sosiego no se oía nada ni a los pajarillos cantar porque del frío habían emigrado pero ahora..no hacía frío, ese blanco no era del techo de su habitación y no estaba de vacaciones huyendo de todo en especial del trabajo que se resumía en Phillipe...
Levemente se incorporó y se fijó detenidamente en las paredes acolchadas que la rodeaban, definitivamente era una habitación demasiado austera y excesivamente limpia y pura, si creyera en Dios pensaría que estaba en el reino de los cielos, de blanco con un vestido solo blanco se sentó sobre la modesta cama con la colcha color blanco y pensó, a fin y al cabo no era tan malo estar encerrada en esa carcel la mitad de los presos de toda la historia de la humanidad la envidiarían pero ella preferiría la mas malolienta y sanguinaria cárcel si a cambio no volvía a ver a nadie de ese dichoso Proyecto Alejandría.
24 horas antes....
Tres lanchas con cuatro hombres cada una, disparaban sin apuntar a ningún blanco, al Estrella Polar que se cubría como podía, los cristales rotos de los ojos de buey permitían la entrada de las balas que rompían contra el suelo a la vista de la mitad de la tripulación que permanecía escondida, solo unos cuantos valientes o muy cobardes respondían al ataque liderados por Gamboa. De repente salió al terreno de fuego una mujer con una bandera blanca haciendo oídos sordos a lo que el hombre de su lado le decía y soltándose la muñeca por la que la agarraba fuertemente salió a cubierta, significaba el fin de ese absurdo juego.
-¡ALTO EL FUEGO! ¡NOS RENDIMOS! Quiero negociar...
-NOOOOOOOOOOOO - se oyó desde detrás.
-Debo hacerlo, esto tiene que parar ¡YA!
-¡Teníamos un plan! Todos estabamos de acuerdo en que era arriesgado pero..
-¿Quién te crees que eres Ricardo? ¿El coronel de cuatro niñatos liderados por un teniente de pacotilla que acaba de cambiarse de bando y dudas acaso si es de fiar? ¡Esto no es un juego joder! No pienso permitir que muera nadie más, ¿sabes por qué seguimos vivos?, quitando el disparo en la pierna de Estela y el que le rozó el brazo derecho a Piti, ¿sabes por qué? ¡Por que les ha dado la puta gana! Han perdido dos hombres, cortesía de Ernesto, pero les da igual, si hubiesen querido amasacrarnos como a perros entonces ahora ya... somos los últimos habitantes del planeta, al menos decentes e inocentemente colocados por azar aqui... deja que siga siendo así, que quieren encontrar tierra antes ¡pues muy bien! no la necesitamos ¡si tenemos este barcoy estamos unidos, no la necesitamos! Pero no voy a dejar que esto siga ni un segundo más, tu hija está ha salvo, Salomé está a salvo, solo me quieren a mi y tienen sus motivos, si está es la justicia de este nuevo mundo la acepto. Ahora debo responder a ella, firme unas clausuras y me las he saltado todas porque me he enamorado, no soy una mas Ricardo, estoy con ellos, desde el principio aunque me arrepienta de ello el resto de mi vida.
-¿Entonces firmamos la paz? - se escucho detrás de una ametralladora a Victor.
-No hay anda que firmar, ya me tenéis a mi, la niña y Salomé no os sirven de nada, la tripulación del Estrella se compromete además a no interceder en vuestros planes.
-Ummm interesante... ¿pero por qué debería ahora...? Has sido mala, muy mala Julia y...
-No te preocupes, seré muy buena a partir de ahora.
-Lo sé, más te vale... está bien, acepto el intercambio no sois mas que una panda mequetrefes... Y tú - dirigiéndose a Gamboa - ¿de qué lado estás?
-De los ganadores - contestó sin dejar de apuntar con su calibre del 9.
-Eso quería escuchar, ¡bienvenido de nuevo! - dijo víctor sonriente.
-No, te equivocas, los ganadores son ellos porque aunque pierdan esta batalla seguirán unidos para haceros la guerra.
Levemente se incorporó y se fijó detenidamente en las paredes acolchadas que la rodeaban, definitivamente era una habitación demasiado austera y excesivamente limpia y pura, si creyera en Dios pensaría que estaba en el reino de los cielos, de blanco con un vestido solo blanco se sentó sobre la modesta cama con la colcha color blanco y pensó, a fin y al cabo no era tan malo estar encerrada en esa carcel la mitad de los presos de toda la historia de la humanidad la envidiarían pero ella preferiría la mas malolienta y sanguinaria cárcel si a cambio no volvía a ver a nadie de ese dichoso Proyecto Alejandría.
24 horas antes....
Tres lanchas con cuatro hombres cada una, disparaban sin apuntar a ningún blanco, al Estrella Polar que se cubría como podía, los cristales rotos de los ojos de buey permitían la entrada de las balas que rompían contra el suelo a la vista de la mitad de la tripulación que permanecía escondida, solo unos cuantos valientes o muy cobardes respondían al ataque liderados por Gamboa. De repente salió al terreno de fuego una mujer con una bandera blanca haciendo oídos sordos a lo que el hombre de su lado le decía y soltándose la muñeca por la que la agarraba fuertemente salió a cubierta, significaba el fin de ese absurdo juego.
-¡ALTO EL FUEGO! ¡NOS RENDIMOS! Quiero negociar...
-NOOOOOOOOOOOO - se oyó desde detrás.
-Debo hacerlo, esto tiene que parar ¡YA!
-¡Teníamos un plan! Todos estabamos de acuerdo en que era arriesgado pero..
-¿Quién te crees que eres Ricardo? ¿El coronel de cuatro niñatos liderados por un teniente de pacotilla que acaba de cambiarse de bando y dudas acaso si es de fiar? ¡Esto no es un juego joder! No pienso permitir que muera nadie más, ¿sabes por qué seguimos vivos?, quitando el disparo en la pierna de Estela y el que le rozó el brazo derecho a Piti, ¿sabes por qué? ¡Por que les ha dado la puta gana! Han perdido dos hombres, cortesía de Ernesto, pero les da igual, si hubiesen querido amasacrarnos como a perros entonces ahora ya... somos los últimos habitantes del planeta, al menos decentes e inocentemente colocados por azar aqui... deja que siga siendo así, que quieren encontrar tierra antes ¡pues muy bien! no la necesitamos ¡si tenemos este barcoy estamos unidos, no la necesitamos! Pero no voy a dejar que esto siga ni un segundo más, tu hija está ha salvo, Salomé está a salvo, solo me quieren a mi y tienen sus motivos, si está es la justicia de este nuevo mundo la acepto. Ahora debo responder a ella, firme unas clausuras y me las he saltado todas porque me he enamorado, no soy una mas Ricardo, estoy con ellos, desde el principio aunque me arrepienta de ello el resto de mi vida.
-¿Entonces firmamos la paz? - se escucho detrás de una ametralladora a Victor.
-No hay anda que firmar, ya me tenéis a mi, la niña y Salomé no os sirven de nada, la tripulación del Estrella se compromete además a no interceder en vuestros planes.
-Ummm interesante... ¿pero por qué debería ahora...? Has sido mala, muy mala Julia y...
-No te preocupes, seré muy buena a partir de ahora.
-Lo sé, más te vale... está bien, acepto el intercambio no sois mas que una panda mequetrefes... Y tú - dirigiéndose a Gamboa - ¿de qué lado estás?
-De los ganadores - contestó sin dejar de apuntar con su calibre del 9.
-Eso quería escuchar, ¡bienvenido de nuevo! - dijo víctor sonriente.
-No, te equivocas, los ganadores son ellos porque aunque pierdan esta batalla seguirán unidos para haceros la guerra.
sábado, 21 de enero de 2012
Rol, parte XCIV (por Noemí)
-¿Que quieres?- respondió con tono tanjante Julia
-Tranquila.. ya te dije que te quería a ti- pronunció desde el otro lado de la linea una voz varonil.
-Vale, trato hecho, pero la niña primero.. yo no pienso subirme en una balsa y que después de una hora la entregueis.. o las dos a la vez.. o ..- Julia no supo como continuar. Solo espero que hubiera sido lo suficiente dura con ''él'' para que cediera un poco.
La voz quedó unos segundos sin emitir sonido, hasta que al fin respondió.
-Está bien.. pero será las dos a la vez, dentro de media hora, y más te vale cumplir las normas, si no ya sabes lo que pasara, ¿no Julia?
-Si..-aceptó apretando el teléfono y contiendo toda su rabia.
Ricardo apareció por el marco de la puerta, sin hacer ruido y observó a Julia, sin esta darse cuenta.
-No sabes las ganas que tengo de volver a verte..-añadio la voz varonil
Julia pensó un instante la respuesta.
-¿Porque a mi ? Si sabes de sobra que soy una pieza esencial en el Estrella.. y que si no estuviera aqui.. bueno ya sabes lo que pasaria.. quien se va a quedar ¿Gamboa solo?..-preguntó Julia, temiendose la respuesta.
-Julia.. las cosas han cambiado.. y mucho, y lo sabes.. y supongo que serás lo suficientemente inteligente para saber lo que te va a pasar aqui ¿no?.
El tono de la voz habia cambiado.
-Sí- afirmó la doctora.
-Media hora..- la linea del telefono volvio a cortarse.
Julia se echó en la cama, sin percatarse de la presencia de Ricardo. Puso las manos en su rostro y resopló. No estaba nada convenciada del plan de Gamboa, y menos aun, de que se cumpliera, tal y como lo habia explicado.
-¿Quien era?
La grave voz de Ricardo sobresaltó a Julia, lo que hizo que se diera desafortunadamente con el estante de encima de la cama. Ricardo no pudo evitar reirse.
-¿Le hace gracia capitán?- dijo Julia algo divertida con una mano en la zona golpeada.
-N..n..n..NOOOOO!!- Ricardo solto una enorme carcajada. Sabía que era la única persona que, hasta en los momentos duros como este, podría lograr sacarle semejante sonrisa.
Por lo menos Julia, le habia hecho olvidar la pregunta a Ricardo.
-Pues a ver ahora.. como os las ingeniais sin la doctora del Estrella.-pronunció la seductora voz de Julia incorporandose de la cama, y avanzando un paso hacia Ricardo.
-Encontraremos otra solución, para algo soy el -señalo su gorra- ca-pi-tán.
-Ah.. pues vaya capitán, ¿usted no tendría que estar en cubierta?.- avanzó un paso más.
-Si.. pero venia a por..- ricardo se quedo pensando- ¿armas?..
-Ah... ya..- respondio la doctora con su tono particular de humor.
Ricardo dirigió sus labios hacia los de ella. Si algo salia mal, sería la última vez que los juntara, pero para su sorpresa, ella los apartó.
-Tss !! , yo no soy ningún arma, vamos para cubierta, dentro de media hora vienen, hay que estar bien preparados- pronunció Julia volviendo al mundo real y cambiando el tono de voz.
-Vale..-respondio ricardo como un niño pequeño cuando su mama le manda a comprar.
----------------------------------------------
19:20
Quedaban tan solo diez minutos, para que hicieran su aparición Valeria y quien le acompañara en la balsa. Los chicos estaban en cubierta preparados para la emboscada. Primero, hablaria el capitán junto con Julia, para intentar convencerlos de que subieran a Valeria. Lo segundo, si subian a valeria primero, Julia y ella se meterian corriendo y quedarian en cubierta los chavales e intentarian que las lanchas y los hombres del Proyecto no subieran al barco y se fueran. Si no accedian a subir a Valeria, Ricardo y Julia descenderian a la vez, y cogerian a Valeria y la subirian, después, ellos dos tenian que correr el riesgo, ahi abajo, por eso llevaban los únicos chalecos anti-balas que habia a bordo.
-Marineros, por favor, pensar con la cabeza, y si hiciera falta disparar, no dispareis a lo loco, recordad, vuestra salud es lo importante - dijo el capitán abrochandole a Julia el chaleco.
Los chicos se pusieron ya en sus posiciones.
-Julia - el capitán cogió delicadamente su mano y le miró intensamente a los ojos- todo va a salir bien..¿verdad?- Ricardo con esa pregunta le mostró su lado más sensible.
-Si.. cariño. Ambos se fundieron en un largo e intenso abrazo al que pusieron fin con un interminable y caluroso beso.
De La Cuadra, como de costumbre, interrumpió.
-Ricardo.. hay un par de puntos en el radar.. están a 2 o 3 millas, han aparecido de la nada.. he estado mirando fijamente, no sé como leches lo habran hecho.. pero se acercan..- pronunció el primer oficial nervioso.
-Julian, metete y no salgas pase lo que pase, cuida de Valeria y de Julia, mientras yo.. este aquí fuera ¿vale?- los ojos azules del capitán volvieron a expulsar un par de lagrimones, mientras abrazaba a su mejor amigo.
-A la orden capitán - dijo Julian acompañandole con el típico gesto.
Ya era la hora. Nada debia de fallar. Gamboa estaba en la proa del Barco, mirando al horizonte, con una medio sonrisa. Presentía que algo iba a pasar.
Julia y Ricardo se terminaron de revisar los chalecos y se adelantaron hasta la barandilla.
-Esto de ponerte en peligro.. no me hace ni pizca de gracia..podriamos haber hecho otra cosa..
-No pienses en eso.. ahora concéntrate, lo hecho, hecho está.
-gshghs, Ricardo esto es muy raro, vuelan sobre el mar, están a menos de 900 metros.. suerte amigo gsrhgs-
Estas fueron las últimas palabras que sonaron en el Estrella, antes de que Julia y Ricardo, observaran las siluetas de varias lanchas en direccion al Estrella Polar.
-Tranquila.. ya te dije que te quería a ti- pronunció desde el otro lado de la linea una voz varonil.
-Vale, trato hecho, pero la niña primero.. yo no pienso subirme en una balsa y que después de una hora la entregueis.. o las dos a la vez.. o ..- Julia no supo como continuar. Solo espero que hubiera sido lo suficiente dura con ''él'' para que cediera un poco.
La voz quedó unos segundos sin emitir sonido, hasta que al fin respondió.
-Está bien.. pero será las dos a la vez, dentro de media hora, y más te vale cumplir las normas, si no ya sabes lo que pasara, ¿no Julia?
-Si..-aceptó apretando el teléfono y contiendo toda su rabia.
Ricardo apareció por el marco de la puerta, sin hacer ruido y observó a Julia, sin esta darse cuenta.
-No sabes las ganas que tengo de volver a verte..-añadio la voz varonil
Julia pensó un instante la respuesta.
-¿Porque a mi ? Si sabes de sobra que soy una pieza esencial en el Estrella.. y que si no estuviera aqui.. bueno ya sabes lo que pasaria.. quien se va a quedar ¿Gamboa solo?..-preguntó Julia, temiendose la respuesta.
-Julia.. las cosas han cambiado.. y mucho, y lo sabes.. y supongo que serás lo suficientemente inteligente para saber lo que te va a pasar aqui ¿no?.
El tono de la voz habia cambiado.
-Sí- afirmó la doctora.
-Media hora..- la linea del telefono volvio a cortarse.
Julia se echó en la cama, sin percatarse de la presencia de Ricardo. Puso las manos en su rostro y resopló. No estaba nada convenciada del plan de Gamboa, y menos aun, de que se cumpliera, tal y como lo habia explicado.
-¿Quien era?
La grave voz de Ricardo sobresaltó a Julia, lo que hizo que se diera desafortunadamente con el estante de encima de la cama. Ricardo no pudo evitar reirse.
-¿Le hace gracia capitán?- dijo Julia algo divertida con una mano en la zona golpeada.
-N..n..n..NOOOOO!!- Ricardo solto una enorme carcajada. Sabía que era la única persona que, hasta en los momentos duros como este, podría lograr sacarle semejante sonrisa.
Por lo menos Julia, le habia hecho olvidar la pregunta a Ricardo.
-Pues a ver ahora.. como os las ingeniais sin la doctora del Estrella.-pronunció la seductora voz de Julia incorporandose de la cama, y avanzando un paso hacia Ricardo.
-Encontraremos otra solución, para algo soy el -señalo su gorra- ca-pi-tán.
-Ah.. pues vaya capitán, ¿usted no tendría que estar en cubierta?.- avanzó un paso más.
-Si.. pero venia a por..- ricardo se quedo pensando- ¿armas?..
-Ah... ya..- respondio la doctora con su tono particular de humor.
Ricardo dirigió sus labios hacia los de ella. Si algo salia mal, sería la última vez que los juntara, pero para su sorpresa, ella los apartó.
-Tss !! , yo no soy ningún arma, vamos para cubierta, dentro de media hora vienen, hay que estar bien preparados- pronunció Julia volviendo al mundo real y cambiando el tono de voz.
-Vale..-respondio ricardo como un niño pequeño cuando su mama le manda a comprar.
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19:20
Quedaban tan solo diez minutos, para que hicieran su aparición Valeria y quien le acompañara en la balsa. Los chicos estaban en cubierta preparados para la emboscada. Primero, hablaria el capitán junto con Julia, para intentar convencerlos de que subieran a Valeria. Lo segundo, si subian a valeria primero, Julia y ella se meterian corriendo y quedarian en cubierta los chavales e intentarian que las lanchas y los hombres del Proyecto no subieran al barco y se fueran. Si no accedian a subir a Valeria, Ricardo y Julia descenderian a la vez, y cogerian a Valeria y la subirian, después, ellos dos tenian que correr el riesgo, ahi abajo, por eso llevaban los únicos chalecos anti-balas que habia a bordo.
-Marineros, por favor, pensar con la cabeza, y si hiciera falta disparar, no dispareis a lo loco, recordad, vuestra salud es lo importante - dijo el capitán abrochandole a Julia el chaleco.
Los chicos se pusieron ya en sus posiciones.
-Julia - el capitán cogió delicadamente su mano y le miró intensamente a los ojos- todo va a salir bien..¿verdad?- Ricardo con esa pregunta le mostró su lado más sensible.
-Si.. cariño. Ambos se fundieron en un largo e intenso abrazo al que pusieron fin con un interminable y caluroso beso.
De La Cuadra, como de costumbre, interrumpió.
-Ricardo.. hay un par de puntos en el radar.. están a 2 o 3 millas, han aparecido de la nada.. he estado mirando fijamente, no sé como leches lo habran hecho.. pero se acercan..- pronunció el primer oficial nervioso.
-Julian, metete y no salgas pase lo que pase, cuida de Valeria y de Julia, mientras yo.. este aquí fuera ¿vale?- los ojos azules del capitán volvieron a expulsar un par de lagrimones, mientras abrazaba a su mejor amigo.
-A la orden capitán - dijo Julian acompañandole con el típico gesto.
Ya era la hora. Nada debia de fallar. Gamboa estaba en la proa del Barco, mirando al horizonte, con una medio sonrisa. Presentía que algo iba a pasar.
Julia y Ricardo se terminaron de revisar los chalecos y se adelantaron hasta la barandilla.
-Esto de ponerte en peligro.. no me hace ni pizca de gracia..podriamos haber hecho otra cosa..
-No pienses en eso.. ahora concéntrate, lo hecho, hecho está.
-gshghs, Ricardo esto es muy raro, vuelan sobre el mar, están a menos de 900 metros.. suerte amigo gsrhgs-
Estas fueron las últimas palabras que sonaron en el Estrella, antes de que Julia y Ricardo, observaran las siluetas de varias lanchas en direccion al Estrella Polar.
Rol, parte XCIII (por Marta)
12:45
Los tripulantes empezaban a entrar al puente de mando.
Julia miró a Ricardo, ella mejor que nadie sabía lo que estaba pansando en esos momentos por su mente. Le apretó la mano cariñosamente. Él la miró y le sonrió agradecido.
Al otro lado del puente de mando, Gamboa los observaba con mirada burlona. Julia desvió su atención hasta él, seria.
Cuando llegó el resto de la tripulación, Gamboa explicó el gran plan…
15:30
-¡UNO! Según Sun Tzu el arte de la guerra se basa en el engaño… ¡DOS!… en no fiarse del adversario… ¡TRES!... ¡en no dejar pasar una oportunidad!
Gamboa estaba, bajo la atenta mirada del capitán, enseñando a los alumnos cómo luchar, cómo defenderse, cómo plantarlos cara, preparándolos contra lo que estaba por llegar.
Aunque le costaba aceptarlo, sabía que Julia tenía razón, ellos ya no eran nada para el Proyecto.
15:45
Ricardo de dirigía a la enfermería. Julia estaba preparando algunas cosas por si había heridos.
Si no fuera por Julia, no estaría así, sabiendo que a su hija la tenían secuestrada esos cabrones. Ella lo mantenía en pie, era su razón para sonreír cada mañana, para no derrumbarse, para ser el capitán y no tirar la toalla, para mantener con vida a la tripulación, para encontrar tierra, para poder seguir viviendo. Y para ello la protegería con su vida si fuese necesario.
Llamó antes de entrar.
-Adelante-respondió la voz de la doctora desde dentro.
El capitán entró, cerrando la puerta tras de sí. Julia se dio la vuelta y le sonrió al ver que era él. Se acercó hasta quedar enfrente suyo, mirándolo a los ojos.
-Tranquilo-susurró alzando su mano y acariciándole la cara para calmarlo.
Ricardo suspiró y la abrazó, escondiendo su cara entre el pelo de Julia.
-Gracias-dijo él.
Julia se separó lo suficiente para poder juntar sus labios con los de la persona más importante para ella, autoconvenciéndose de que todo lo que estaban haciéndose era lo correcto.
-Ghhgrghr… Ricardo gerhgegr-la voz del primer oficial se escuchó a través del walkie talkie-Te necesito en cubierta.
Ricardo y Julia se separaron, el capitán cogió el walkie y respondió y besó a Julia antes de irse.
19:00
Ricardo miró a Julián, buscando apoyo. El segundo oficial le dio un apretón en el hombro y asintió. Desviaron la vista a través de las ventanas del puente de mando que daban a cubierta, donde ya todos los chavales estaban preparados para lo que pasara.
El capitán salió con paso decidido. Toda la cubierta estaba rodeada de tablas de madera y de otras cosas que habían encontrado, para protegerse de los disparos de los del Proyecto. Cada pocos metros dejaban un hueco vacío para poder defenderse.
Ricardo observó agradecido el entusiasmo que ponían todos los tripulantes en ganar esta batalla y rescatar a la pequeña Valeria y a Burbuja. Eran como una gran familia.
El teléfono de larga distancia empezó a sonar...
Los tripulantes empezaban a entrar al puente de mando.
Julia miró a Ricardo, ella mejor que nadie sabía lo que estaba pansando en esos momentos por su mente. Le apretó la mano cariñosamente. Él la miró y le sonrió agradecido.
Al otro lado del puente de mando, Gamboa los observaba con mirada burlona. Julia desvió su atención hasta él, seria.
Cuando llegó el resto de la tripulación, Gamboa explicó el gran plan…
15:30
-¡UNO! Según Sun Tzu el arte de la guerra se basa en el engaño… ¡DOS!… en no fiarse del adversario… ¡TRES!... ¡en no dejar pasar una oportunidad!
Gamboa estaba, bajo la atenta mirada del capitán, enseñando a los alumnos cómo luchar, cómo defenderse, cómo plantarlos cara, preparándolos contra lo que estaba por llegar.
Aunque le costaba aceptarlo, sabía que Julia tenía razón, ellos ya no eran nada para el Proyecto.
15:45
Ricardo de dirigía a la enfermería. Julia estaba preparando algunas cosas por si había heridos.
Si no fuera por Julia, no estaría así, sabiendo que a su hija la tenían secuestrada esos cabrones. Ella lo mantenía en pie, era su razón para sonreír cada mañana, para no derrumbarse, para ser el capitán y no tirar la toalla, para mantener con vida a la tripulación, para encontrar tierra, para poder seguir viviendo. Y para ello la protegería con su vida si fuese necesario.
Llamó antes de entrar.
-Adelante-respondió la voz de la doctora desde dentro.
El capitán entró, cerrando la puerta tras de sí. Julia se dio la vuelta y le sonrió al ver que era él. Se acercó hasta quedar enfrente suyo, mirándolo a los ojos.
-Tranquilo-susurró alzando su mano y acariciándole la cara para calmarlo.
Ricardo suspiró y la abrazó, escondiendo su cara entre el pelo de Julia.
-Gracias-dijo él.
Julia se separó lo suficiente para poder juntar sus labios con los de la persona más importante para ella, autoconvenciéndose de que todo lo que estaban haciéndose era lo correcto.
-Ghhgrghr… Ricardo gerhgegr-la voz del primer oficial se escuchó a través del walkie talkie-Te necesito en cubierta.
Ricardo y Julia se separaron, el capitán cogió el walkie y respondió y besó a Julia antes de irse.
19:00
Ricardo miró a Julián, buscando apoyo. El segundo oficial le dio un apretón en el hombro y asintió. Desviaron la vista a través de las ventanas del puente de mando que daban a cubierta, donde ya todos los chavales estaban preparados para lo que pasara.
El capitán salió con paso decidido. Toda la cubierta estaba rodeada de tablas de madera y de otras cosas que habían encontrado, para protegerse de los disparos de los del Proyecto. Cada pocos metros dejaban un hueco vacío para poder defenderse.
Ricardo observó agradecido el entusiasmo que ponían todos los tripulantes en ganar esta batalla y rescatar a la pequeña Valeria y a Burbuja. Eran como una gran familia.
El teléfono de larga distancia empezó a sonar...
miércoles, 18 de enero de 2012
Rol, parte XCII (por Roberto)
- Sí, me acuerdo de ti – respondió Julia después del primer impacto que le produjo escuchar de nuevo aquella voz - ¿qué es lo quieres y por qué te has llevado a Valeria? – inquirió con tono acerado. Las piernas le temblaban pero intentaba parecer calmada.
Ricardo estaba sentado en la cama, sollozando como un niño, con la cabeza oculta entre sus manos. De pronto la levantó, en su corazón sintió un terrible miedo. Miedo de perder a dos de las personas que más le importaban en la vida, su hija pequeña y a Julia.
- “Te quiero a ti” – respondió la voz con un tono burlón al otro lado de línea – “es un trato justo, la niña por ti” – Julia guardó silencio mientras un frío mortal paseaba a lo largo de su espina dorsal.
Ricardo la miró con atención, Julia había palidecido repentinamente, aspiró una bocanada de aire y se puso de pie, los ojos de Julia se clavaron en él.
- “¿No dices nada?” – Siguió la voz al teléfono – “Quiero que te subas en la balsa, te recogeremos y una hora después soltaremos a la cría” – las instrucciones eran claras, precisas e… inflexibles – Julia tragó saliva al escuchar el endurecido tono de su interlocutor; sintió la boca seca al imaginar lo que podía pasar. Sabía que no podía hacer otra cosa más que lo le decían y la vida de ambas estaba en riesgo, tanto la de Valeria como la suya propia. Julia Wilson cerró los ojos con fuerza y volvió a tragar saliva.
- ¿Qué quieres de mí? – Preguntó – primero quiero que sueltes a Valeria – intentó poner sus condiciones aunque en su interior sabía que sería inútil.
Ricardo entrecerró los ojos, las últimas lágrimas que habían llovido de sus ojos claros se habían perdido en su barba.
- “Sabes que tú no pones las condiciones” - se burló de nuevo la voz al teléfono – “las cosas se harán como te he dicho o… no volverás a ver a la niña” – terminó la voz con tono sarcástico.
- ¿Cómo se que Valeria está bien? – Julia intentaba pensar, pero la situación la sobrepasaba.
- “Eso no es problema” – le dijo la voz
En ese momento Ricardo no aguantó más y le quitó el teléfono a Julia en un ademán rápido. Julia suspiró preocupada.
- Escúchame bien gili… - empezó Ricardo con enfado.
- “Papi, papi” – un grito ahogado interrumpió su frase. Ricardo enmudeció al escuchar a Valeria – “Por favor papi, ven” – un infantil sollozo quebró la resistencia y el corazón del capitán Montero.
Ricardo sintió que las piernas le fallaban y lentamente volvió a sentarse en la cama con el teléfono en la mano y la mirada perdida. Las manos comenzaron a sudarle.
- “Papá ¿estás ahí? ¿Me escuchas?” – preguntó la niña en medio de su llanto. Ricardo miró a Julia, un hondo dolor asomó en sus ojos que amenazaban con volver a humedecerse.
- Sí cariño – respondió con la voz a punto de romperse – estoy aquí ¿tú estás bien cielo? – Preguntó – No llores cariño – añadió el capitán con desesperación al notar que Valeria no podía parar de llorar.
- “Suficiente charla por hoy” – la voz irónica volvió a escucharse al otro lado de la línea. El gesto de Ricardo se endureció en un rictus de inmensa furia.
- Si le haces daño a mi hija, no habrá un solo lugar en este inmenso mar en el que puedas esconderte – la voz de Ricardo sonó como un latigazo – Te encontraré y te mataré.
- “¡Vaya capitán! – Se burló la voz – “¡Qué valiente!” – una risilla crispó los nervios de Ricardo – “Julia ya sabe lo que tiene que hacer para que usted no tenga que buscarme en este inmenso mar:” – la risa se hizo más fuerte y Ricardo apretó los puños sobre el teléfono – “hágale caso y su niña no saldrá lastimada” - la línea se cerró y un pesado silencio se hizo en ella.
Ricardo tiró el teléfono con fuerza y se giró hacia Julia con expresión lastimera, ella corrió hacia él y se refugió en sus brazos mientras el capitán coloraba de nuevo.
Minutos después Ricardo se apartó un poco del caluroso abrazo que lo consolaba y con su pulgar e índice cogió la barbilla de Julia para mirarla directo a los ojos.
- ¿Qué fue lo que ese desgraciado te dijo? – cuestionó con voz suave. Julia se lo explicó pausadamente mientras poco a poco observaba como la expresión de Ricardo iba cambiando de nuevo hasta concluir con un gesto de indescriptible preocupación.
- No te preocupes Ricardo – la voz de Julia era firme – tendrás Valeria contigo de nuevo.
- Pero no puedo ponerte en ese riesgo – le dijo Ricardo abrazándola con fuerza – Tiene que haber otra solución
- No la hay – respondió Julia tajante – fueron muy claros en sus órdenes.
- Yo no recibo órdenes de nadie – dijo Ricardo con voz metálica - y no voy a ponerte en riesgo. – la voz de Ricardo también era firme.
Un suave golpeteo se escuchó en la puerta del camarote, Ricardo soltó a Julia para abrir y en el umbral de la puerta se topó con la sonrisa de Gamboa.
- Me han dicho que Valeria ha desaparecido – comentó el colombiano con ironía. Ricardo lo cogió por la solapa de la camisa y lo zarandeó contra la pared.
- ¿Qué sabes tú de esto? – preguntó con rabia el capitán.
- En realidad nada – respondió Gamboa con gesto serio – Aunque no me crea capitán, de esto, no se nada. Ricardo lo soltó pero continuó mirándolo fijamente.
- Ernesto, tienen a la niña en el submarino – dijo Julia compungida.
- ¿Y qué quieren a cambio? – Preguntó Gamboa – es evidente que si se la llevaron ha sido para canjearla por algo.
- Me quieren a mí – balbuceó la doctora. Gamboa frunció el ceño. Eso no era bueno, si la organización quería llevarse a Julia no era para bueno, ella les era más útil dentro del Estrella Polar.
Julia explicó a Gamboa lo que le habían dicho, el hombre escuchaba en silencio prestando mucha atención a cada palabra, una vez que Julia terminó de relatar la conversación telefónica Gamboa miró al capitán. En el fondo entendía los sentimientos encontrados que Ricardo tenía.
- No dejan nada al azar, y lo peor es que eso no garantiza la integridad de su hija capitán, no hay seguridad de que vayan a devolver a la niña – comentó Gamboa. Ricardo suspiró, el hombre, desgraciadamente tenía razón.
- Haremos lo que dijeron – dijo Julia – Gamboa la miró, en verdad Julia estaba dispuesta a arriesgar su vida por salvar a la hija del capitán.
- No hablas en serio – le respondió Ernesto – sabes lo que te puede pasar ¿no? – Julia lo miró suplicante – Julia – dijo impasible Gamboa – te pueden matar y eres consciente de ello.
Ricardo miró a Julia con sobresalto, él no podía permitir que esa gentuza matase a lal mujer que amaba, ni a ella ni a su hija.
- Tiene que haber otra solución – dijo el capitán con fuerza renovada. El que Julia estuviese dispuesta a dar su vida por Valeria, le demostraba lo mucho que ella lo quería y Ricardo lucharía por ella, por las dos. – Usted es profesor de supervivencia ¿no? – preguntó Ricardo con ironía mirando a Gamboa – pues ahora es cuando hacen falta sus conocimientos. – Gamboa sonrió con una mueca.
- Es arriesgado capitán, muy arriesgado – respondió Gamboa enfatizando la frase - ¿está dispuesto a poner en inminente peligro la vida de su tripulación en un intento de salvamento? – preguntó de manera directa y con frialdad. Ricardo guardó silencio.
- ¿Por qué no nos hace esa preguntas a nosotros? – la voz de Palomares resonó tras ellos. Gamboa no había cerrado la puerta y Palomares junto con Piti habían escuchado toda la conversación.
- Somos nosotros los que tenemos que decidir eso – comentó Piti – Y por Valeria haremos lo que sea necesario – añadió con seguridad mientras Palomares asentía con la cabeza.
- Chicos, yo os lo agradezco pero… - empezó Ricardo
- ¿Tenemos un plan? – preguntó Piti sin hacer caso a su capitán.
- Porque si no tenemos uno, tenemos que hacerlo – continuó Palomares la frase de Piti.
- No – refutó Julia – no se va a arriesgar la vida de nadie innecesariamente,
- Tenemos un plan – dijo Gamboa mirando a los chicos – capitán es probable que sea la única manera de salvar tanto a Valeria como a Julia – añadió Gamboa.
- Lo escuchamos – dijeron al unísono Piti y Palomares ante la mirada de Ricardo y de la doctora que no sabían que más decir.
- Será mejor reunir a todos en el puente de mando - dijo Gamboa.
- No termina de gustarme esto - comentó Ricardo - no me fío de ti y lo sabes
- En esta ocasión no tiene otra alternativa capitán - respondió Gamboa con un brillo desafiante en la mirada.
Ricardo estaba sentado en la cama, sollozando como un niño, con la cabeza oculta entre sus manos. De pronto la levantó, en su corazón sintió un terrible miedo. Miedo de perder a dos de las personas que más le importaban en la vida, su hija pequeña y a Julia.
- “Te quiero a ti” – respondió la voz con un tono burlón al otro lado de línea – “es un trato justo, la niña por ti” – Julia guardó silencio mientras un frío mortal paseaba a lo largo de su espina dorsal.
Ricardo la miró con atención, Julia había palidecido repentinamente, aspiró una bocanada de aire y se puso de pie, los ojos de Julia se clavaron en él.
- “¿No dices nada?” – Siguió la voz al teléfono – “Quiero que te subas en la balsa, te recogeremos y una hora después soltaremos a la cría” – las instrucciones eran claras, precisas e… inflexibles – Julia tragó saliva al escuchar el endurecido tono de su interlocutor; sintió la boca seca al imaginar lo que podía pasar. Sabía que no podía hacer otra cosa más que lo le decían y la vida de ambas estaba en riesgo, tanto la de Valeria como la suya propia. Julia Wilson cerró los ojos con fuerza y volvió a tragar saliva.
- ¿Qué quieres de mí? – Preguntó – primero quiero que sueltes a Valeria – intentó poner sus condiciones aunque en su interior sabía que sería inútil.
Ricardo entrecerró los ojos, las últimas lágrimas que habían llovido de sus ojos claros se habían perdido en su barba.
- “Sabes que tú no pones las condiciones” - se burló de nuevo la voz al teléfono – “las cosas se harán como te he dicho o… no volverás a ver a la niña” – terminó la voz con tono sarcástico.
- ¿Cómo se que Valeria está bien? – Julia intentaba pensar, pero la situación la sobrepasaba.
- “Eso no es problema” – le dijo la voz
En ese momento Ricardo no aguantó más y le quitó el teléfono a Julia en un ademán rápido. Julia suspiró preocupada.
- Escúchame bien gili… - empezó Ricardo con enfado.
- “Papi, papi” – un grito ahogado interrumpió su frase. Ricardo enmudeció al escuchar a Valeria – “Por favor papi, ven” – un infantil sollozo quebró la resistencia y el corazón del capitán Montero.
Ricardo sintió que las piernas le fallaban y lentamente volvió a sentarse en la cama con el teléfono en la mano y la mirada perdida. Las manos comenzaron a sudarle.
- “Papá ¿estás ahí? ¿Me escuchas?” – preguntó la niña en medio de su llanto. Ricardo miró a Julia, un hondo dolor asomó en sus ojos que amenazaban con volver a humedecerse.
- Sí cariño – respondió con la voz a punto de romperse – estoy aquí ¿tú estás bien cielo? – Preguntó – No llores cariño – añadió el capitán con desesperación al notar que Valeria no podía parar de llorar.
- “Suficiente charla por hoy” – la voz irónica volvió a escucharse al otro lado de la línea. El gesto de Ricardo se endureció en un rictus de inmensa furia.
- Si le haces daño a mi hija, no habrá un solo lugar en este inmenso mar en el que puedas esconderte – la voz de Ricardo sonó como un latigazo – Te encontraré y te mataré.
- “¡Vaya capitán! – Se burló la voz – “¡Qué valiente!” – una risilla crispó los nervios de Ricardo – “Julia ya sabe lo que tiene que hacer para que usted no tenga que buscarme en este inmenso mar:” – la risa se hizo más fuerte y Ricardo apretó los puños sobre el teléfono – “hágale caso y su niña no saldrá lastimada” - la línea se cerró y un pesado silencio se hizo en ella.
Ricardo tiró el teléfono con fuerza y se giró hacia Julia con expresión lastimera, ella corrió hacia él y se refugió en sus brazos mientras el capitán coloraba de nuevo.
Minutos después Ricardo se apartó un poco del caluroso abrazo que lo consolaba y con su pulgar e índice cogió la barbilla de Julia para mirarla directo a los ojos.
- ¿Qué fue lo que ese desgraciado te dijo? – cuestionó con voz suave. Julia se lo explicó pausadamente mientras poco a poco observaba como la expresión de Ricardo iba cambiando de nuevo hasta concluir con un gesto de indescriptible preocupación.
- No te preocupes Ricardo – la voz de Julia era firme – tendrás Valeria contigo de nuevo.
- Pero no puedo ponerte en ese riesgo – le dijo Ricardo abrazándola con fuerza – Tiene que haber otra solución
- No la hay – respondió Julia tajante – fueron muy claros en sus órdenes.
- Yo no recibo órdenes de nadie – dijo Ricardo con voz metálica - y no voy a ponerte en riesgo. – la voz de Ricardo también era firme.
Un suave golpeteo se escuchó en la puerta del camarote, Ricardo soltó a Julia para abrir y en el umbral de la puerta se topó con la sonrisa de Gamboa.
- Me han dicho que Valeria ha desaparecido – comentó el colombiano con ironía. Ricardo lo cogió por la solapa de la camisa y lo zarandeó contra la pared.
- ¿Qué sabes tú de esto? – preguntó con rabia el capitán.
- En realidad nada – respondió Gamboa con gesto serio – Aunque no me crea capitán, de esto, no se nada. Ricardo lo soltó pero continuó mirándolo fijamente.
- Ernesto, tienen a la niña en el submarino – dijo Julia compungida.
- ¿Y qué quieren a cambio? – Preguntó Gamboa – es evidente que si se la llevaron ha sido para canjearla por algo.
- Me quieren a mí – balbuceó la doctora. Gamboa frunció el ceño. Eso no era bueno, si la organización quería llevarse a Julia no era para bueno, ella les era más útil dentro del Estrella Polar.
Julia explicó a Gamboa lo que le habían dicho, el hombre escuchaba en silencio prestando mucha atención a cada palabra, una vez que Julia terminó de relatar la conversación telefónica Gamboa miró al capitán. En el fondo entendía los sentimientos encontrados que Ricardo tenía.
- No dejan nada al azar, y lo peor es que eso no garantiza la integridad de su hija capitán, no hay seguridad de que vayan a devolver a la niña – comentó Gamboa. Ricardo suspiró, el hombre, desgraciadamente tenía razón.
- Haremos lo que dijeron – dijo Julia – Gamboa la miró, en verdad Julia estaba dispuesta a arriesgar su vida por salvar a la hija del capitán.
- No hablas en serio – le respondió Ernesto – sabes lo que te puede pasar ¿no? – Julia lo miró suplicante – Julia – dijo impasible Gamboa – te pueden matar y eres consciente de ello.
Ricardo miró a Julia con sobresalto, él no podía permitir que esa gentuza matase a lal mujer que amaba, ni a ella ni a su hija.
- Tiene que haber otra solución – dijo el capitán con fuerza renovada. El que Julia estuviese dispuesta a dar su vida por Valeria, le demostraba lo mucho que ella lo quería y Ricardo lucharía por ella, por las dos. – Usted es profesor de supervivencia ¿no? – preguntó Ricardo con ironía mirando a Gamboa – pues ahora es cuando hacen falta sus conocimientos. – Gamboa sonrió con una mueca.
- Es arriesgado capitán, muy arriesgado – respondió Gamboa enfatizando la frase - ¿está dispuesto a poner en inminente peligro la vida de su tripulación en un intento de salvamento? – preguntó de manera directa y con frialdad. Ricardo guardó silencio.
- ¿Por qué no nos hace esa preguntas a nosotros? – la voz de Palomares resonó tras ellos. Gamboa no había cerrado la puerta y Palomares junto con Piti habían escuchado toda la conversación.
- Somos nosotros los que tenemos que decidir eso – comentó Piti – Y por Valeria haremos lo que sea necesario – añadió con seguridad mientras Palomares asentía con la cabeza.
- Chicos, yo os lo agradezco pero… - empezó Ricardo
- ¿Tenemos un plan? – preguntó Piti sin hacer caso a su capitán.
- Porque si no tenemos uno, tenemos que hacerlo – continuó Palomares la frase de Piti.
- No – refutó Julia – no se va a arriesgar la vida de nadie innecesariamente,
- Tenemos un plan – dijo Gamboa mirando a los chicos – capitán es probable que sea la única manera de salvar tanto a Valeria como a Julia – añadió Gamboa.
- Lo escuchamos – dijeron al unísono Piti y Palomares ante la mirada de Ricardo y de la doctora que no sabían que más decir.
- Será mejor reunir a todos en el puente de mando - dijo Gamboa.
- No termina de gustarme esto - comentó Ricardo - no me fío de ti y lo sabes
- En esta ocasión no tiene otra alternativa capitán - respondió Gamboa con un brillo desafiante en la mirada.
miércoles, 11 de enero de 2012
Rol, parte XCI (por Miriam)
Despues de una intensa busqueda de Julia y Ricardo por el Estrella Polar, no
encontraron a Valeria, y para colmo, nadie sabia nada de ella. A Ricardo le entró
un ataque de desesperación. Era su hija pequeña, y había desaparecido en el fin
del mundo, era una de las peores cosas que el podian pasar en ese momento.
Julia, al ver cómo a Ricardo le empezaban a resvalar lágrimas por sus mejillas, sintió
muchisima pena. Le hizo sentarse en la cama, y le abrazó. El capitan siguió llorando,
cada vez más fuerte, pero en el fondo, había algo que le hacia estar feliz. Y ese algo
era Julia, que en un momento difícil le estaba abrazando y haciéndole compañía.
Ricardo, no te preocupes, la encontraremos – Dijo Julia, mientras cojia suavemente
al capitan poniendo las manos en su delicada barba.
En ese momento, sonó el teléfono. Los dos se quedaron parados. Julia miró a Ricardo,
y éste le devolvió la misma mirada de asustado. Al fin, Ricardo tuvo el valor de levantarse,
secarse las lágrimas, y coger el telefono
Estrella polar, ¿quien es? – Dijo Ricardo, temblando.
Capitán?
Que quiere? Quien es usted? – Dijo el capitan.
Quiero que hagamos un trato. Tengo a su hija aqui, con nosotros.
Hijo de puta, devuelveme a mi hija. No le hagais nada! DONDE COÑO LA TENEIS? –
Ricardo empezó a perder los nervios, y Julia hizo que se calmara un poco dandole la
mano y acariciandole. El capitan miró a Julia, y ésta le sonrió.
-Te la devolvere, no te preocupes, pero a cambio quiero algo. Mas bien, alguien
Ricardo se temía lo peor, y se puso todavía mas y mas nervioso.
Quiero que me deis a Julia.
En ese momento, el mundo se detuvo. El corazón del capitan empezo a latir mas
rapido de lo normal, su pulso se aceleró. Le empezó a temblar todo el cuerpo, de
tal manera que hizo que el telefono cayera al suelo. Julia, alucinada despues de ver
a ricardo, cogió rapidamente el telefono, y antes de decir nada, ayudo a sentarse a
el capitan, y le dijo que se calmara. Entonces Julia se puso el telefono en la oreja.
Si? – Dijo la doctora
Hola Julia, me reconoces?
encontraron a Valeria, y para colmo, nadie sabia nada de ella. A Ricardo le entró
un ataque de desesperación. Era su hija pequeña, y había desaparecido en el fin
del mundo, era una de las peores cosas que el podian pasar en ese momento.
Julia, al ver cómo a Ricardo le empezaban a resvalar lágrimas por sus mejillas, sintió
muchisima pena. Le hizo sentarse en la cama, y le abrazó. El capitan siguió llorando,
cada vez más fuerte, pero en el fondo, había algo que le hacia estar feliz. Y ese algo
era Julia, que en un momento difícil le estaba abrazando y haciéndole compañía.
Ricardo, no te preocupes, la encontraremos – Dijo Julia, mientras cojia suavemente
al capitan poniendo las manos en su delicada barba.
En ese momento, sonó el teléfono. Los dos se quedaron parados. Julia miró a Ricardo,
y éste le devolvió la misma mirada de asustado. Al fin, Ricardo tuvo el valor de levantarse,
secarse las lágrimas, y coger el telefono
Estrella polar, ¿quien es? – Dijo Ricardo, temblando.
Capitán?
Que quiere? Quien es usted? – Dijo el capitan.
Quiero que hagamos un trato. Tengo a su hija aqui, con nosotros.
Hijo de puta, devuelveme a mi hija. No le hagais nada! DONDE COÑO LA TENEIS? –
Ricardo empezó a perder los nervios, y Julia hizo que se calmara un poco dandole la
mano y acariciandole. El capitan miró a Julia, y ésta le sonrió.
-Te la devolvere, no te preocupes, pero a cambio quiero algo. Mas bien, alguien
Ricardo se temía lo peor, y se puso todavía mas y mas nervioso.
Quiero que me deis a Julia.
En ese momento, el mundo se detuvo. El corazón del capitan empezo a latir mas
rapido de lo normal, su pulso se aceleró. Le empezó a temblar todo el cuerpo, de
tal manera que hizo que el telefono cayera al suelo. Julia, alucinada despues de ver
a ricardo, cogió rapidamente el telefono, y antes de decir nada, ayudo a sentarse a
el capitan, y le dijo que se calmara. Entonces Julia se puso el telefono en la oreja.
Si? – Dijo la doctora
Hola Julia, me reconoces?
sábado, 7 de enero de 2012
Rol, parte XC (por Nago)
En el camarote del capitán y ajenos a lo que acababa de ocurrir tan cerca suyo, seguían durmiendo plácidamente, abrazados y con unas sonrisas tan profundas que incluso se diría que iluminaban la habitación, Ricardo y Julia, a los que las primeras luces del amanecer les deparaban una sorpresa que de seguro les resultaría tan desagradable como inesperada.
En el resto de camarotes, se respiraba la misma paz y tranquilidad, todos necesitaban descansar después de haber disfrutado plenamente de la fiesta, sin duda, el día elegido para recordarles al capitán Montero y a Julia su existencia, había resultado el ideal.
Al despuntar las primeras luces del Alba, volvió la vida a los diferentes camarotes del Estrella, se notaba que había sido una noche diferente, les costaba dejar las sabanas más que de costumbre.
Era una situación especialmente evidente en el camarote del Capitán en el que éste y Julia tras despertarse, se encontraban inmersos en su mundo de caricias y besos, cada vez más apasionados, y todavía no se habían dado cuenta de la ausencia de Valeria.
Toc,Toc-llamó alguien a la puerta del camarote haciéndoles regresar al mundo real.
Adelante-Contestó Ricardo, todavía con dificultad para separarse de Julia.
Buenos días parecen no?-dijo Julián,enrojeciendo a la pareja.
Venía para decirte que Ulises y yo hemos estado ya en el puente de mando haciendo las revisiones necesarias y no ha habido incidencias nocturnas-decía Julián sin saber lo erróneas que eran sus palabras.
Qué tal está Ulises, hay algún avance? – Preguntó Ricardo con mucho interés, sabía lo preocupado que estaba su amigo con la amnesia de Ulises.
No, la verdad es que todo sigue igual, pero poco a poco recordará, de eso me encargo yo-Contestó Julián resignado y triste por los últimos acontecimientos ocurridos a sus seres más queridos, Ulises y Salomé.
Se despidieron y Julián salió del camarote.
Voy a despertar a Valeria y mientras jugáis un rato en la cama, me ducho- dijo Ricardo con gran felicidad, le encantaba ver lo mucho que Valeria quería a Julia.
Perfecto-dijo Julia terminando de desperezarse para disfrutar de la risueña carita de Valeria al despertarse.
En ese momento, Ricardo pegó un grito sobresaltando a Julia.
Qué pasa?-Preguntó Julia con cara de susto.
Valeria no está en su cama-Contestó Ricardo clavando su mirada en la de Julia mientras le recorría un escalofrío por todo el cuerpo–Sabía que ambos estaban temiendo lo peor tras la desaparición de Salomé…
En el resto de camarotes, se respiraba la misma paz y tranquilidad, todos necesitaban descansar después de haber disfrutado plenamente de la fiesta, sin duda, el día elegido para recordarles al capitán Montero y a Julia su existencia, había resultado el ideal.
Al despuntar las primeras luces del Alba, volvió la vida a los diferentes camarotes del Estrella, se notaba que había sido una noche diferente, les costaba dejar las sabanas más que de costumbre.
Era una situación especialmente evidente en el camarote del Capitán en el que éste y Julia tras despertarse, se encontraban inmersos en su mundo de caricias y besos, cada vez más apasionados, y todavía no se habían dado cuenta de la ausencia de Valeria.
Toc,Toc-llamó alguien a la puerta del camarote haciéndoles regresar al mundo real.
Adelante-Contestó Ricardo, todavía con dificultad para separarse de Julia.
Buenos días parecen no?-dijo Julián,enrojeciendo a la pareja.
Venía para decirte que Ulises y yo hemos estado ya en el puente de mando haciendo las revisiones necesarias y no ha habido incidencias nocturnas-decía Julián sin saber lo erróneas que eran sus palabras.
Qué tal está Ulises, hay algún avance? – Preguntó Ricardo con mucho interés, sabía lo preocupado que estaba su amigo con la amnesia de Ulises.
No, la verdad es que todo sigue igual, pero poco a poco recordará, de eso me encargo yo-Contestó Julián resignado y triste por los últimos acontecimientos ocurridos a sus seres más queridos, Ulises y Salomé.
Se despidieron y Julián salió del camarote.
Voy a despertar a Valeria y mientras jugáis un rato en la cama, me ducho- dijo Ricardo con gran felicidad, le encantaba ver lo mucho que Valeria quería a Julia.
Perfecto-dijo Julia terminando de desperezarse para disfrutar de la risueña carita de Valeria al despertarse.
En ese momento, Ricardo pegó un grito sobresaltando a Julia.
Qué pasa?-Preguntó Julia con cara de susto.
Valeria no está en su cama-Contestó Ricardo clavando su mirada en la de Julia mientras le recorría un escalofrío por todo el cuerpo–Sabía que ambos estaban temiendo lo peor tras la desaparición de Salomé…
sábado, 31 de diciembre de 2011
Rol, parte LXXXIX (por Leti)
El Estrella Polar flotaba sobre un mar tranquilo, durante una oscura y avanzada noche, solo alumbrado por la tenue luz de la luna que iluminaba con forma de cuarto menguante. Las estrellas eran la única compañía, numerosas y a la vez silenciosas, que destacaban en el cielo. Juntas se hacían la compañía perfecta para pasar todas las noches invernales como aquella. El único sonido que adormecía a la oscuridad era el suave movimiento de las olas y el leve contacto con el barco. Había una vista espléndida para cualquier observador que prestase atención en aquel instante, al cielo nocturno, junto con la luna y las estrellas, formaban la postal perfecta. Pero en la cubierta del barco, no había nadie. Ni siquiera estaban los habituales marineros que hacían guardia.
Ese día era Noche Buena y todos habían estado de fiesta. Lo que apenas unas horas era bullicio y alegres canciones tradicionales navideñas, ahora solo quedaba el silencio como compañero al mecer de las olas. La cubierta del barco, antes adornada con luces de colores y numerosos lábaros con letras multicolores, ahora estaba a oscuras salvo por dos pequeñas luces situadas, respectivamente, en babor y estribor del barco.
Ajenos a toda esta belleza se encontraban los tripulantes, la mayoría dormidos debido al cansancio de lo acontecido en los días pasados y otros más ocupados en sus pensamientos como para poder dormir.
En el camarote del capitán, este dormía plácidamente tras haber pasado una gran noche junto con sus hijas, pero sobre todo, con la mujer de sus ojos, Julia. La que ocupaba todos sus pensamientos desde que abría los ojos por la mañana hasta bien entrada la noche, cuando conseguía conciliar el sueño. No era una persona a la que le costase dormir precisamente, pero ese día, esa noche, en ese momento, tenía a su lado a la mujer más maravillosa del mundo durmiendo con él.
Julia estaba vestida con la ropa de la cena, porque el sueño había podido con su fuerza de voluntad de querer permanecer despierta y se había dormido apoyada sobre uno de los asientos del comedor del Estrella Polar. Ricardo había tenido un gran galimatías al llevarla en sus brazos hasta su dormitorio, pues había tenido que explicar al resto, sin incluir demasiados detalles, que Julia se encontraba indispuesta y necesitaba dormir. Suerte que en ese momento, solo se encontraban Ulises (aún amnésico) y Julián, siempre acompañando a Ulises para ayudarle a recordar.
Últimamente, no habían tenido un segundo de descanso desde el secuestro de Salomé a manos de Gamboa. Estaban esperando que los hombres del submarino contactasen con ellos. No podían hacer más, por mucho que les doliese y sufriesen cada día por ello. El que peor lo estaba pasando era Julián, aunque todos sufrían por el oscuro destino que podría estar a aguardando a Salomé, en manos de semejante calaña.
Valeria no podía dormir, permanecía en su pequeña cama mirando al techo sin moverse. Una pequeña luz le proporcionaba la seguridad que necesitaba para dormir; pero no podía. Sabía lo importante que era no hacer ruido para que la relación de su padre con Julia siguiera un camino dorado hacia la felicidad. Esa noche, Papa Noel iría donde estaban ellos para dejarles sus regalos. Aunque no tuviesen chimenea, él tenía poderes mágicos para llegar hasta cualquier niño del mundo, siempre y cuando, hubiese escrito y enviado La carta. Y ella lo había hecho.
Escuchó un pequeño ruido procedente de la puerta e inmediatamente entornó los ojos haciéndose la dormida. Unas pisadas se acercaban hacia el interior del camarote, donde estaba ella. “Uno, dos, tres, cuatro…”. Valeria contaba los segundos, sentía sus alocados latidos rítmicos junto con su respiración entrecortada. Después solo silencio, pero sentía una presencia a pocos centímetros de ella. La estaba observando. Santa la estaba observando, cada vez más cerca.
Sabía que no debía hacerlo. Conocía perfectamente que si abría los ojos corría el riesgo de que Papá Noel no le diese sus regalos. Pero no resistió la tentación y abrió sus pequeños e inocentes ojos azules. Lo último que vio fue una enorme sonrisa desconocida, maquiavélica y macabra sobre una tupida barba blanca y un gorro rojo.
Minutos después, el impostor desaparecía de la vista, a bordo de una zodiac, perdiéndose en la noche.
Después, solo frío, silencio y oscuridad.
Ese día era Noche Buena y todos habían estado de fiesta. Lo que apenas unas horas era bullicio y alegres canciones tradicionales navideñas, ahora solo quedaba el silencio como compañero al mecer de las olas. La cubierta del barco, antes adornada con luces de colores y numerosos lábaros con letras multicolores, ahora estaba a oscuras salvo por dos pequeñas luces situadas, respectivamente, en babor y estribor del barco.
Ajenos a toda esta belleza se encontraban los tripulantes, la mayoría dormidos debido al cansancio de lo acontecido en los días pasados y otros más ocupados en sus pensamientos como para poder dormir.
En el camarote del capitán, este dormía plácidamente tras haber pasado una gran noche junto con sus hijas, pero sobre todo, con la mujer de sus ojos, Julia. La que ocupaba todos sus pensamientos desde que abría los ojos por la mañana hasta bien entrada la noche, cuando conseguía conciliar el sueño. No era una persona a la que le costase dormir precisamente, pero ese día, esa noche, en ese momento, tenía a su lado a la mujer más maravillosa del mundo durmiendo con él.
Julia estaba vestida con la ropa de la cena, porque el sueño había podido con su fuerza de voluntad de querer permanecer despierta y se había dormido apoyada sobre uno de los asientos del comedor del Estrella Polar. Ricardo había tenido un gran galimatías al llevarla en sus brazos hasta su dormitorio, pues había tenido que explicar al resto, sin incluir demasiados detalles, que Julia se encontraba indispuesta y necesitaba dormir. Suerte que en ese momento, solo se encontraban Ulises (aún amnésico) y Julián, siempre acompañando a Ulises para ayudarle a recordar.
Últimamente, no habían tenido un segundo de descanso desde el secuestro de Salomé a manos de Gamboa. Estaban esperando que los hombres del submarino contactasen con ellos. No podían hacer más, por mucho que les doliese y sufriesen cada día por ello. El que peor lo estaba pasando era Julián, aunque todos sufrían por el oscuro destino que podría estar a aguardando a Salomé, en manos de semejante calaña.
Valeria no podía dormir, permanecía en su pequeña cama mirando al techo sin moverse. Una pequeña luz le proporcionaba la seguridad que necesitaba para dormir; pero no podía. Sabía lo importante que era no hacer ruido para que la relación de su padre con Julia siguiera un camino dorado hacia la felicidad. Esa noche, Papa Noel iría donde estaban ellos para dejarles sus regalos. Aunque no tuviesen chimenea, él tenía poderes mágicos para llegar hasta cualquier niño del mundo, siempre y cuando, hubiese escrito y enviado La carta. Y ella lo había hecho.
Escuchó un pequeño ruido procedente de la puerta e inmediatamente entornó los ojos haciéndose la dormida. Unas pisadas se acercaban hacia el interior del camarote, donde estaba ella. “Uno, dos, tres, cuatro…”. Valeria contaba los segundos, sentía sus alocados latidos rítmicos junto con su respiración entrecortada. Después solo silencio, pero sentía una presencia a pocos centímetros de ella. La estaba observando. Santa la estaba observando, cada vez más cerca.
Sabía que no debía hacerlo. Conocía perfectamente que si abría los ojos corría el riesgo de que Papá Noel no le diese sus regalos. Pero no resistió la tentación y abrió sus pequeños e inocentes ojos azules. Lo último que vio fue una enorme sonrisa desconocida, maquiavélica y macabra sobre una tupida barba blanca y un gorro rojo.
Minutos después, el impostor desaparecía de la vista, a bordo de una zodiac, perdiéndose en la noche.
Después, solo frío, silencio y oscuridad.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Rol, parte LXXXVIII (por Elena)
Por mucho que lo pensara,no quería dormir y eso es lo que más deseaba en este mundo,en brazos de su Julia...pero veía que había cosas más importantes que estar con ella,tenía que averiguar que había pasado en esas horas...el por qué Ulises había perdido la memoria,mientras que Gamboa estaba sano y salvo.Le parecía tan raro que cogió una pistola para intentarle sacar la verdad por muy dolorosa que fuera.
Aunque no quería llegar a ésas,sabía que el verdadero culpable era el profesor de supervivencia.Desde que zarparon,el profesor de supervivencia no había parado de meterse en líos,y así conseguía que todos estuvieran en el mismo ajo.Caminaba por el pasillo hasta dirigirse a un solo objetivo.Allí estaba él,dormido como un angelito(o eso es lo que pensaban todos)
-Ernesto,haz el favor de despertarte.Tengo que hablar ''urgentemente''con usted.
El profesor de supervivencia al oír la voz del agradable capitán se empezó a mover hasta que finalmente abrió los ojos.Se extrañó en verle pero a la vez se alegró para su bien,quería fastidiarle y ahora más,sospechando que la doctora Wilson estaba saliendo con Ricardo.
-Bien...¿sabe,capitán que no son horas de despertar a un enfermo??-se hizo el inocente.
-Aquí no veo ningún enfermo,¿tu ves a alguno??-le dijo fríalmente.-Ah no,que te refirías a ti.-añadió,irónicamente.
-Capitán,dígame lo que me tenga que decir.-dijo Gamboa.
-¿Qué ha pasado con Ulises,qué le has hecho??-le preguntó el capitán directamente mirándole a los ojos con odio.Nunca había odiado a nadie tanto en su vida.
-Yo...no le he hecho nada a Ulises ni a nadie.¡¡Soy capaz de matar y hacer daño a alguien!!-le mintió.
-Pero fuiste capaz de encerrarme hace más de un mes,cuando quisiste gobernar el Estrella Polar.No me vengas con ésas,eres un mentiroso!!-le hizo ver de su error.
-Éso fue hace mucho tiempo,la gente cambia...-volvió a mentir.
-La gente como usted no cambia,la gente como tú merece morirse,podrirse en la cárcel sí la hay claro,y sino encerrado en la bodega de este Barco.-le dolía mucho que no quisiese hablar,si llegaba a pasar eso tendría que recurrir a la segunda opción.
-Capitán,no tengo nada que ver con lo que le ha pasado a Ulises,¿qué quiere que se lo jure por sus hijas??-insistió.
-Está bien.-finalmente fue convencido.-Mañana le diré a Julia que te dé el alta.-añadió yéndose hacia su camarote.
***
No le convenía decir la verdad al capitán,sí lo hacía...acabaría muy mal.Vale,que odiaba al capitán,primero porque no le había ayudado con Ainhoa,y ahora porque era su rival.Desde que entró Julia al proyecto de Alejandría,se había enamorado como un perro de ella pero ésta ya salía con Philippe,después Ulises,y ahora...el capitán.¿Qué,Ricardo no se podía enamorar de una pechugona??No,tenía que enamorarse de la doctora Wilson...y no sabía cómo pero le iba a hundir tanto en su vida profesional como sentimental,le quitaría sus hijas y luego Julia...
Habían hecho un trato,y ésta última no lo había cumplido.Tenía un plan,y muy pronto todos se darían cuenta de cuál era,y quién era la culpable de que se llevara a cabo.
Aunque no quería llegar a ésas,sabía que el verdadero culpable era el profesor de supervivencia.Desde que zarparon,el profesor de supervivencia no había parado de meterse en líos,y así conseguía que todos estuvieran en el mismo ajo.Caminaba por el pasillo hasta dirigirse a un solo objetivo.Allí estaba él,dormido como un angelito(o eso es lo que pensaban todos)
-Ernesto,haz el favor de despertarte.Tengo que hablar ''urgentemente''con usted.
El profesor de supervivencia al oír la voz del agradable capitán se empezó a mover hasta que finalmente abrió los ojos.Se extrañó en verle pero a la vez se alegró para su bien,quería fastidiarle y ahora más,sospechando que la doctora Wilson estaba saliendo con Ricardo.
-Bien...¿sabe,capitán que no son horas de despertar a un enfermo??-se hizo el inocente.
-Aquí no veo ningún enfermo,¿tu ves a alguno??-le dijo fríalmente.-Ah no,que te refirías a ti.-añadió,irónicamente.
-Capitán,dígame lo que me tenga que decir.-dijo Gamboa.
-¿Qué ha pasado con Ulises,qué le has hecho??-le preguntó el capitán directamente mirándole a los ojos con odio.Nunca había odiado a nadie tanto en su vida.
-Yo...no le he hecho nada a Ulises ni a nadie.¡¡Soy capaz de matar y hacer daño a alguien!!-le mintió.
-Pero fuiste capaz de encerrarme hace más de un mes,cuando quisiste gobernar el Estrella Polar.No me vengas con ésas,eres un mentiroso!!-le hizo ver de su error.
-Éso fue hace mucho tiempo,la gente cambia...-volvió a mentir.
-La gente como usted no cambia,la gente como tú merece morirse,podrirse en la cárcel sí la hay claro,y sino encerrado en la bodega de este Barco.-le dolía mucho que no quisiese hablar,si llegaba a pasar eso tendría que recurrir a la segunda opción.
-Capitán,no tengo nada que ver con lo que le ha pasado a Ulises,¿qué quiere que se lo jure por sus hijas??-insistió.
-Está bien.-finalmente fue convencido.-Mañana le diré a Julia que te dé el alta.-añadió yéndose hacia su camarote.
***
No le convenía decir la verdad al capitán,sí lo hacía...acabaría muy mal.Vale,que odiaba al capitán,primero porque no le había ayudado con Ainhoa,y ahora porque era su rival.Desde que entró Julia al proyecto de Alejandría,se había enamorado como un perro de ella pero ésta ya salía con Philippe,después Ulises,y ahora...el capitán.¿Qué,Ricardo no se podía enamorar de una pechugona??No,tenía que enamorarse de la doctora Wilson...y no sabía cómo pero le iba a hundir tanto en su vida profesional como sentimental,le quitaría sus hijas y luego Julia...
Habían hecho un trato,y ésta última no lo había cumplido.Tenía un plan,y muy pronto todos se darían cuenta de cuál era,y quién era la culpable de que se llevara a cabo.
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