domingo, 4 de diciembre de 2011

Rol, parte LXXXVI (por Marta)

Salió de la enfermería y vio que él estaba allí. Se acercó para informarle sobre el estado de Ulises y Gamboa, pero De la Cuadra apareció por detrás del capitán muy preocupado.
-¿Qué le pasa a Ulises?-preguntó
-Parece que tiene una amnesia pasajera-respondió Julia-. Por ahora no recuerda nada de los últimos meses, pero no creo que tarde en acordarse de todo.
-¿Y Gamboa?-preguntó esta vez Ricardo
Julia intercambió una mirada con él.
-Está perfectamente.-dijo ella mirando a través de la ventana de la enfermería.
-¿Cómo es posible?-preguntó Julián
Julia se encogió de hombros negando con la cabeza.
-No lo sé, es inexplicable.
‘’Oficial, le necesitamos en cubierta’’ lo llamaron por el walki.
-Ricardo, luego nos vemos-dijo Julián dándole una palmada en el hombro-. Doctora-saludó a ésta antes de alejarse hacia cubierta.
Se miraron a los ojos durante un tiempo que ninguno sabría especificar, una mirada cargada de sentimientos, de cariño, de ternura, de amor. Ricardo se acercó a ella. Julia suspiró y se abrazó a él. Ricardo la rodeó con sus brazos, lo que a ella la hacía sentirse protegida, especial. Cerró los ojos y escondió la cara en el hombro de él. Perdieron el sentido del tiempo mientras se abrazaban. 
-Doctora… Julia, ¿te gustaría cenar hoy conmigo?-preguntó Ricardo mientras se separaban lentamente.
-¿Una cita?-Julia sonrío, haciendo que el corazón del capitán empezase a latir cada vez más rápido.
Él asintió desorientado perdido en su sonrisa.
-A las 9 te paso a recoger a tu camarote-propuso.
Julia sonrió, se acercó a él, le besó en la mejilla y se alejó por el pasillo.
El capitán se quedó ahí parado, miró a través de la ventana de la enfermería y luego se fue.


8: 51
Estaba tumbada en su cama, con su bonito vestido azul, mirando al techo, pensando en él. Si hubieran quedado el día anterior, estaría preguntándose si iría o la dejaría plantada, pero después de aquel beso sabía que llegaría.
Había estado tan confundida, empeñada en querer a Ulises hasta que se dio cuenta de que eso solo fue un capricho, de que con él no se sentía protegida, de que a quien realmente necesitaba era a Ricardo. Había perdido tanto tiempo sin estar a su lado, nadie sabía lo que podía pasar el día siguiente. Por eso ahora todo le daba igual, solo quería ser feliz, con él, tenerlo a su lado, que la protegiera, que la hiciera sentirse especial…
Ahora estaba frente al espejo del armario. 
Pero eso suponía tener que tomar una decisión sobre el proyecto. Debía hacer algo, no podía estar así. Quizás debería contárselo al capitán. Suspiró. 
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el ruido de la puerta. Abrió la puerta y allí estaba él. Vestido con su elegante traje negro y una camisa blanca. Pero eso no es lo que realmente le gustaba, sin duda lo que la había enamorado era su profunda mirada, azul como el océano sobre el que navegaban, hacía que el pulso sele acelerase, que perdiese la noción del tiempo, que no pudiera evitar sonreír cada vez que sus miradas se encontraban.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Rol, parte LXXXV (por Roberto)

-¡Ricardo! – Dijo Salomé con prontitud - ¿Cómo vamos a salir de esto?
- Pues, no dándonos por vencidos – replicó el capitán apretando la mandíbula. Anda busca tú a Julia, nos veremos en el puente de mando. – la sonrisa de Ricardo tranquilizó un poco Salomé que salió precipitadamente hacia el camarote de Julia.

Mientras Ricardo buscó a Julián que se encontraba en la barandilla de estribor oteando el mar embravecido con unos prismáticos negros.

-¿Les ves? –preguntó Ricardo inquieto notándola cara de preocupación de Julián que tenía el rostro crispado. - ¿Qué pasa Julián?
- Es Ulises – respondió De la Cuadra apenas con un hilo de voz – Falta Ulises joer – pequeñas lágrimas saladas llenaron el rostro de Julián mientras se abrazaba a Ricardo – No aparece. Seguro que está en la balsa con Gamboa.

La mirada de Ricardo se endureció, entendía el dolor de su amigo, pero en ese momento necesitaba que De la Cuadra estuviera concentrado en cambiar el barco de rumbo para salir de aquellas extrañas nubes.

Te prometo que le encontraremos, pero tenemos que salir de aquí – le dijo Ricardo con voz firme mientras le zarandeaba por los hombros para que Julián que, sollozaba sin parar se tranquilizara.
Julián se secó las lágrimas con el dorso de la mano tratando de guardar la compostura y ayudar a su amigo, pero de reojo miraba las aguas que les rodeaban intentando atisbar una señal que le diera esperanza.

-¿Cambiar el rumbo? – Inquirió Julián enfadado, minutos después cuando se hallaban en el puente de mando esperando al resto de la tripulación- no puedes hacer eso – gritó encolerizado – perderemos la balsa si cambiamos de rumbo y entonces será imposible encontrarlos.
- Julián – explicó Ricardo – so nos quedamos aquí moriremos, esas nubes vienen llenas de fuertes vientos, nos arrastrarán y entonces no le serviremos de nada a Ulises.- la voz de Ricardo sonaba extrañamente serena en medio del vendaval. - Lo entiendes ¿verdad?

De la Cuadra miró a Ricardo de manera extraña con una rictus doloroso dibujando su rostro, los amargos bufidos del Oficial eran lo único que retumbaba en la bina del puente, los murmullos de la tripulación que arribaba al lugar se ibn apagando poco a poco al ver el compungido rostro de De la Cuadra. Todos se colocaron alrededor de su capitán y guardaron silencio. Salomé y Julia fueron las últimas en llegar.

- Te prometo que volveremos a buscarlos, pero ahora debemos salir de aquí – dijo Ricardo en un tono que no admitía réplica.

Volviendo se duro rostro hacia los tripulantes ordenó de manera tajante.

- Todos, a moverse, atad todos los cabos y asegurad todo muy bien, esto se va a mover mucho – Miró a Julián – Cambie es rumbo Oficial – Julián apretó los puños – 30 grados a l noreste – añadió, supuso que Julián protestaría la orden.
- ¿Tanto? –evidentemente no se equivocó.
-El capitán tiene razón – intervino Julia, es necesario – Julia comprendió en seguida la maniobra de Ricardo, era dese luego la mejor opción si quería volver después en un tiempo corto a buscar a Ulises – El capitán pretende rodear las nubes. Si queremos volver será la mejor opción

De la Cuadra obedeció la orden de su capitán a regañadientes y viró el rumbo del barco. Lenta y pesadamente el navío comenzó a dejar a un lado las nubes y empezó a navegar alrededor. La tripulación luchaba a brazo partido por mantener estable los cabos del barco, Palomares sudoroso miraba a Vilma de reojo, ella le había pedido por la tarde que volviera a ser cura y así ella podría estar tranquila con Piti. Pero Andrés no estaba convencido de eso, no ahora. Cuando ella se lo pidió con aquella lastimosa mirada estaba dispuesto a sacrificarse, pero ahora que la vida de todos peligraba se dio cuenta de que así sería siempre, y decidió que lucharía por Vilma aunque fuera contra su amigo Piti.

Ricardo en el puente de mando miraba a Julia de soslayo, mientras se aseguraba de que el barco viraba su trayecto adecuadamente. 

Los ojos de Julia se encontraban con los de él y Julia sentía ese estallido emocional en su corazón cada vez que Ricardo la miraba, sabía de sobra que él no confiaba en ella, pero no podía decirle la verdad sin poner en riesgo su vida. Lo amaba demasiado para ponerlo en ese riesgo. Si tan solo Gamboa ya no regresara más, entonces sería más fácil, pensó.

Tras una duras batalla con las inclemencias del clima y después de que Julia les diera una breve explicación sobre las posibles causas de la nubes, el Estrella Polar salió de la zona de peligro, la claridad volvió al navío de manera paulatina mientras las nubes se alejaban de ellos.
Ricardo sonrió por primera vez en toda esa larga noche al mirar el rostro de Julia. “Dios ¡Qué hermosa estaba!” Ricardo la contempló en silencio y un pensamiento rápido cruzó su mente como un rayo que llega de pronto y nos sorprende para después con el fuerte tronido resquebrajarnos la cabeza y permitirnos pensar con claridad. Lo sabía, lo tenía claro ahora y esa fue la razón de su sonrisa. Sonrisa que oprimió el corazón de Julia mientras la humedad asomaba en sus ojos, “si tan solo Ricardo le sonriera así a ella”, pero Julia sabía que Ricardo no la toleraba por callarse lo que pasaba. Una triste mirada se colgó de los preciosos ojos de la doctora. Julia sintió que se asfixiaba, necesitaba aire, no podía estar ni un minuto más allí o terminaría por arrojarse a los anhelados brazos del capitán. 

Ella abrió la puerta de la cabina de manera precipitada y salió de la estancia sin mirar atrás.

Ricardo suspiró y Julián le observó haciendo un gesto negativo con la cabeza.

- ¡Pringao, qué eres una soberano pringao! – dijo Julián mientras cambiaba de nuevo el tumbo del Estrella polar para regresar hacia la zona donde Ulises y Gamboa habían estado.
- ¡Vaya hombre! Ahora soy un pringao –reprochó Ricardo mientras se mesaba el pelo con suavidad, su mano llegó a la barbilla después y allí se detuvo.
- Sí, leches, es que si lo eres – maldijo Julián -¿A qué esperas para buscarla? ¿A qué te hagas de noche como siempre?

Ricardo miró a su amigo, sabía que tenía razón, su corazón no podía estar equivocado. Ignoraba cuál era el papel de la doctora en todo lo que pasaba, pero su corazón le gritaba que Julia no podía ser mala. Él la había visto preocuparse por los chicos, por sus propias hijas, la había sentido sincera y no quería dudar más. Fuera lo que fuera, lo afrontarían juntos, porque juntos eran más fuertes, porque a su lado, el capitán se sentía capaz de luchar contra todo lo que se presentara.

- Ahora vuelvo Julián – la voz del capitán sonó distinta o por lo menos a Julián así le pareció cuando frunció el ceño.
- Por mí no te preocupes, tómate tu tiempo – rió Julián por un segundo, después concentró su mirada en el mar que se abría inmenso e inescrutable ante sus ojos para ver si encontraba rastro de la balsa. 

El capitán llegó a cubierta, no sabía exactamente a donde iba, pero sus pies lo guiaban, su corazón si sabía. Sus pies se detuvieron silenciosamente en la cubierta de popa. Ricardo la miró, ella estaba allí, con la mirada triste y apagada observando la lejanía del horizonte. Un horizonte que a Julia le hacía daño, porque sabía que estaba sola. 
Los pies de Ricardo se acercaron despacio a los de Julia, Ricardo pudo ver entonces el rostro de ella bañado en lágrimas, el capitán sintió un nudo en la garganta. Julia sintió su presencia y giró su delicado cuello hacia él. Estaba allí, de pie, mirándola en silencio, fijamente, los grises ojos de Ricardo la contemplaban y pequeñas lágrimas comenzaron a manar de ellos ante la sorpresa de Julia. 

Él se acercó y suavemente cogió las manos femeninas entre las suyas en una caricia casi imperceptible que estremeció el cuerpo de Julia. Ricardo subió su mano derecha hasta las mejillas de la doctora y con la yema de sus dedos comenzó a secar sus lágrimas, mientras ella miraba como él lloraba también. Julia hizo un débil intento para alejarse, pero sus pies se negaron a moverse.
Ricardo la acercó hacia sí, mientras terminaba de enjugar las lágrimas de Julia.

- No quiero verla llorar Julia, nunca más – Julia sintió como su corazón se aceleraba ante la voz de él, nunca la había sentido con tan infinita ternura.
- ¿Por qué llora usted capitán? – preguntó susurrando Julia al tiempo que intentaba controlar el torbellino de emociones y sentimientos que Ricardo había exaltado en su interior. Julia comenzó a perderse en aquella mirada que a pesar de estar lluviosa no podía ocultar la pasión que estaba en plena ebullición en aquel momento.
- Porque por cada lágrima que tú derrames, yo derramaré mil – respondió Ricardo tuteándola de pronto. – Porque cuando un hombre derrama su lluvia por una mujer, es porque la ama de verdad – Julia cerró los ojos y poco a poco sus manos fueron subiendo por el amplio pecho masculino. 

Ricardo sintió su contacto y su deseo por ella se encendió aún más – Así como yo te amo a ti Julia – Ricardo inclinó lentamente su cabeza hacia Julia mientras la abrazaba por la cintura para atraerla más hacía él – No me importa quién eres, ni lo que quieres, me importas tú y tus ojos me dicen que no puedo estar equivocado contigo – El tono de Ricardo reflejó la pasión y la ansiedad que el alma del capitán sentía.

Julia se abrazó a Ricardo, acarició el cuello varonil y Ricardo buscó con su boca la boca de Julia, ambas se encontraron a medio camino, y cuando lo hicieron se unieron en beso apasionado que desbordó la necesidad que ambos sentían por estar juntos. 

Julia se colgó en su cuello mientras Ricardo movía sus labios con los de ella, abriendo su boca para recibirla, cerrándola para aprisionarla y calmar su sed en los labios soñados tantas veces y durante tantas noches. Julia sintió como el calor subía por su cuerpo, y se entregó a aquel beso con todo el amor que guardaba en su pecho por ese hombre que se había metido hasta lo más profundo de su corazón.
Ricardo abrazó la espalda femenina y continuó explorando la boca de Julia buscando abrazar con su lengua la de ella; la doctora acercó su mano izquierda hasta la rasposa mejilla de él acariciando la incipiente y suave barba mientras apoyaba la derecha sobre el pecho él.

Ambas bocas se entregaron en un profundo y ansiado beso, ambas lenguas se abrazaron y danzaron al compás de una misma melodía que se iba escribiendo lenta pero apasionadamente al ritmo de los latidos que marcaban sus acelerados corazones. Sus labios se acariciaron, se mimaron, se poseyeron mutuamente en un ósculo lleno de amor.

La mañana resplandecía serena mientras en cubierta el calor del sol, calentaba cada fibra de dos cuerpos que se abrazaban tiernamente. Salomé les miraba parada al lado de Julián, la cocinera apoyó su cabeza sobre el hombro del Oficial, mientras un brillo de emoción se asomaba a sus pupilas.

- Por fin, el amor que los une ha salido de su escondite y ha resplandecido – dijo la cocinera
- Sí joer, - refunfuñó Julián, a ver si Ricardo deja de ser tan zoquete – añadió riendo.

-Capitán, capipitán – se escuchó el grito de Burbuja – lala la balsa. – Burbuja señaló hacia el oeste y allí pudieron observar como la diminuta balsa flotaba plácidamente sobre las azules aguas del océano.
- ¡Venga! – gritó de La Cuadra que también la había visto, ¡súbanles! – los tripulantes obedecieron y subieron la balsa a cubierta.
Dos cuerpos inconscientes se hallaban en ella, Ulises y Gamboa. Una profusa mancha de sangre cubría la camisa de Gamboa. Ulises y Ernesto, comenzaron a abrir loso ojos lentamente-
- ¿Estás bien hijo? – preguntó Julián con prontitud tocando el pecho de Ulises mientras sonreía satisfecho.

Gamboa guardó silencio esperando la reacción del capitán, arqueó una ceja sorprendido cuando observó la mano del capitán abrazando a Julia por la cintura.

- ¿Estás bien? – repitió Julián

Ulises lo miró, la expresión del joven era de consternación, sus ojos observaban inquietos el rostro del hombre que tenía delante.

- ¿Quién es usted? – Preguntó Ulises con voz trémula - ¿Dónde estoy?

Rol, parte LXXXIV (por Nerea)

Ricardo continua contemplando el camarote de Julia, con los puños bien prietos. No sabía que si lo que recorría en su cuerpo, era un amor perpetuo por Julia, que quería manifestarse y salir a la luz. O las tremendas ganas, de meterle tal paliza a Gamboa, que después nadie le reconocería el rostro.

-Ve- Suena la voz de Salomé detrás como una pequeña guía que siempre le ayuda en momentos difíciles.
-No puedo, no antes sin matar a ese hijo de...- Ricardo mira a Salomé. Acto seguido, comienza a caminar por los pasillos.
-Ricardo por favor, piensa en lo que haces-Intenta pararlo Salo. Pero ya nada lo detiene.
-Lo siento Salomé, pero lo tengo ya todo muy claro- Hace un movimiento brusco con el brazo, para que Salomé lo suelte, y sigue caminando por los pasillos.


*Mientras tanto...*

-Tu no te vas a ninguna parte Gamboa- Chilla Ulises.
-¿A no? ¿Y quien me lo va a impedir? - Gamboa saca una pistola y apunta a Ulises en la cara.
-Eres un PUTO asesino y voy ha hacer lo posible para que se sepa- Dice Ulises acercándose a la pistola.
- Mal... muy mal Ulises. Te creía más listo...Por que después de que apreté el gatillo. Dejarás de formar parte del planeta. ¿Y entonces, quien se lo va a contar a los demás?- Ríe- Dime.

Ulises golpe el brazo de Gamboa, tomando ahora el la pistola.

-¿Ahora que Gamboa, he? ¿Ahora que?- Ulises le apunta el bazo, sin intención alguna de dispararlo. Pero Gamboa forcejea, y caen al agua, dejando como última pista el sonido de una pistola.

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Ricardo, mientras mira camarote a camarote buscando a Gamboa. Escucha el tiro.

-¿Que ha sido eso?- Dice corriendo a la cubierta.

-¡Julián! ¿Julián, que ha pasado?- Pregunta Ricardo.
-El bote. Alguien a utilizado el último bote que quedaba. Hay que hacer recuentos Ricardo. Alguien ha saltado al mar. Y encima... estamos adentrándonos en una especie de nube. No se ve nada. Y es muy espesa. 

-Julián. Haz los recuentos cuanto antes. Tengo el presentimiento, de que Gamboa, ha huido en el como un cobarde- Le contesta furioso- Por cierto ¿Que ha sido ese tiro que se ha escuchado?
-No lo se. Pero seguro que el herido va en la balsa. Así que ya que me supongo que hay dos personas en la balsa. Y una de ellas... herida de bala-Le dice nervioso.
-Madre mía. Julián haz lo que te he dicho. Yo tengo que ir a preguntarle a Juliá. Sabrá sacarnos de esta, y conseguir salvar... al que hay en la balsa...

Lo mira y va a buscarla.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Rol, parte LXXXIII (por Nago)

Mientras caminaban por el estrecho pasillo, se oía refunfuñar a Julián.

Salomé que ya estaba bastante nerviosa, se dio la vuelta con cara de pocos amigos, como indirecta para Julián, que después de eso le siguió en silencio hasta el puente de mando.

Al llegar allí, se dieron cuenta que Ricardo no estaba.

Ricardo, ven al puente de mando, por favor –le dijo Julián mientras hablaba a través del walkie-talkie con mucha impaciencia por saber qué era lo que tenía en ese estado a Salomé.

Voy enseguida-dijo Ricardo que se encontraba en la sala de máquinas haciendo las revisiones rutinarias del funcionamiento de todas ellas para tener la mente ocupada y no pensar en Julia.

Si bien en un principio Salomé pensaba contarle a Ricardo que había descubierto la razón por la que Julia le rechazaba a pesar de quererle con toda su alma, en el tiempo que transcurrió hasta la llegada de Ricardo, decidió contarle únicamente sus últimos descubrimientos sobre las verdaderas intenciones de Gamboa, al igual que a Julián.

Si Ricardo llega a saber que Gamboa amenaza a Julia y por eso ella niega lo que tanto sus ojos como su corazón dicen a gritos, podría ocurrir cualquier desgracia en la que saldrían perjudicados todos menos Gamboa, de eso estaba segura.

Ricardo, Julián, hoy he podido comprobar cuáles son las verdaderas intenciones de Gamboa- les contaba Salomé respirando entrecortadamente al recordar la situación vivida y mientras ambos hombres le miraban fijamente con miedo y curiosidad.

Mientras Salomé termina de contarles sus últimos descubrimientos sobre Gamboa, en uno de los camarotes del Estrella Polar.

No puedo seguir así, no lo resisto más –se decía Julia llorosa mientras se miraba fijamente en el espejo del baño

Cada vez que me cruzo con él, que posa sus ojos en los míos, siento que mi corazón se desboca y se rompe en pedazos al mismo tiempo al sentir su tristeza y su incomprensión, y al no poder disfrutar de sus sonrisas, que siempre consiguen alegrarme el día, y de sus cálidos abrazos que tanta protección y serenidad me brindan-pensaba Julia ensimismada.

Tengo que conseguir mandar una señal de lo que me ocurre sea como sea- se dijo Julia con firmeza y decisión.

De vuelta en el puente de mando

Salomé ya ha terminado de exponerles la situación y Julián, parece más tranquilo y satisfecho.

Voy a hablar con Ainhoa, tengo que decirle que extreme las precauciones con Gamboa y contarle lo sucedido-dijo Ricardo mientras Salomé se ofreció a acompañarle y salió detrás de él con la clara intención de quedarse a solas con él, sin que Julián sospechase nada.

Mientras se dirigían al camarote de Ainhoa

Voy a pasar por la cocina para llevarle algo dulce para que pueda pasar el susto, acompáñame un momento –le dijo Salomé a Ricardo

Sólo quería que sepas que a pesar de todo, Julia te ama con toda su alma y haría cualquier cosa por ti, no lo olvides nunca, pase lo que pase-le dijo Salomé mientras cogía lo que había ido a buscar y salía por la puerta seguida de Ricardo.

Cuando terminaron la conversación con Ainhoa, ambos salieron satisfechos del camarote y Salomé, que se había dado cuenta de que los ojos de Ricardo estaban posados en la puerta del camarote de Julia, consiguió alejarse de allí y dejar que sus palabras y el profundo amor que sabía que existía entre ellos pudiesen hacer el resto.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Rol, parte LXXXII (por Leti)

No había ido a ese baño a escondidas, tenía todo el derecho del mundo a estar ahí mismo en cualquier momento del día. Ni siquiera sabía por qué se comportaba de esa forma al oír entrar a Gamboa. Había parado de hacer lo que estaba haciendo y aguardado sigilosamente a que el otro se fuera por donde había venido. 

Desde el momento en que lo vio, aquella mañana en el puerto de Valencia, supo que no era de fiar. Menudos profesores que contrataban para las travesías, dejaban mucho que desear. Parecía mentira, pero solo habían pasado dos meses de aquello y sin embargo, aquel hombre, no le inspiraba confianza. 

Pero en ese momento, cuando lo vio agacharse justo al lado de la cama y levantar una de las viejas tablillas de madera del suelo, sospechó que su vida podría estar en peligro si su “escondite” llegase a ser descubierto. Lo que no se esperaba es que de debajo de esa tabla suelta, sacase un teléfono satélite que numerosas veces había visto utilizar a Ricardo, el capitán del Estrella Polar.

“Misión cumplida. La doctora y el capitán no van a volver a juntarse, la tengo amenazada”
. Al oír aquella frase se quedó helada, su cuerpo permanecía inmóvil temerosa de ser descubierta, pero su mente no paraba de empezar a enlazar los pequeños datos con los que contaba. Miró a Gamboa y vio como esbozaba una media sonrisa de satisfacción a la vez que guardaba el teléfono con soltura, volviendo a levantar la diminuta tablilla del suelo cerciorándose de que la volvía a colocar bien y salir del camarote con un ligero portazo. 

Esperó unos segundos respirando entrecortadamente, que a ella le parecieron eternos, para asegurarse de que él no volvía de nuevo. Con mucha cautela salió del baño, se fue al camarote de Julián y se sentó en la cama. Estaba muy alterada por lo que había visto pero al poco tiempo volvió a respirar con un poco de normalidad. Tenía que avisar a Ricardo y a los demás de las verdaderas intenciones de Gamboa, entendía lo que estaba haciendo Julia, ahora sí. No tenía tiempo que perder.

Se levantó de un salto y se dirigió a su puerta, pero no le hizo falta abrirla porque Julián se le adelantó y le sonrió al verla.

- Te estaba buscando – la saludó con un beso en la mejilla pero ella le apartó con suavidad-¿te pasa algo?

- No, no me pasa nada – afirmó Salomé con decisión – tengo que buscar a Ricardo y decirle una cosa, es muy importante.

Salomé se dirigió a la puerta y la abrió, pero Julián se interpuso y no la dejó salir.

- ¿Se puede saber qué es eso tan importante que le tienes que decir a mi mejor amigo que no me lo puedes decir a mí? – exclamó evidentemente molesto porque su mujer no se sincerase con él – ¡Es que manda cojones, que se lo quieras decir a él primero y a mí no, que soy tu marido…!

- Cariño –dijo interrumpiendo su eufórica frase – os lo contaré a los dos a la vez.

La respuesta pareció convencer a Julián pues aceptó que Salomé saliese del camarote y él la siguió detrás. 

Rol, parte LXXXI (por Pao)

Aquel día amaneció soleado sobre el Estrella Polar y el ambiente festivo se extendió pronto entre los pasajeros del buque-escuela, que decidieron disfrutar del sol y de la brisa marina y pasar sus horas libres en cubierta. La doctora Wilson estaba tomando el sol tumbada junto a la cocinera del barco, y aquellos encuentros entre las dos mujeres sólo podían significar una cosa: cotilleo.

-¿Qué tal está Julián? ¿Ha vuelto a encontrarse mal?
-No ha vuelto a sentir mareos ni nada. Hoy le he pillado fumándose un puro de esos que todavía tiene guardados...
Julia sonrió.
-Es fuerte. Tanto tiempo en el mar te hace inmune a todo.
Salomé giró sobre sí misma y se quitó las gafas de sol que llevaba puestas para mirar a Julia directamente.
-Ricardo no es inmune a todo lo que le estás haciendo sufrir.


La doctora se removió incómoda. Se odiaba por hacerle eso a Ricardo, por mentirle acerca de todo lo que había pasado entre ellos, y escucharlo en voz alta en boca de Salomé acrecentó el dolor que habitaba permanentemente en su pecho; pero tenía que hacerlo. No podía arriesgarse a que Gamboa cumpliese su amenaza y pudiese pasarle algo al hombre que amaba. Con todas las fuerzas que logró reunir se incorporó para enfrentar a su amiga.


-No puedo hacer nada, Salomé. No le quiero. Ya está.
-Ya, y pretendes que me lo crea. Que yo he visto cómo te has ido enamorando de él, Julia, eso no me lo puedes esconder. Lo que no entiendo es cómo Ricardo se lo ha tragado. Tú verás lo que haces... Pero te estás haciendo infeliz, y estás haciendo infeliz a la persona que más quieres.


Salomé volvió a colocarse las gafas y se tumbó de nuevo bocabajo a seguir tomando el sol, como si la conversación que acababan de mantener no hubiese sucedido nunca, dejando a Julia más dolida que nunca.

Ricardo salió de su camarote cabizbajo, con la mirada fija en el suelo y la cabeza perdida en cosas más importantes que mirar por donde iba. Por eso cuando chocó contra alguien y se agachó a recoger los papeles que se le habían caído de las manos no reparó en que esa persona no era nada más y nada menos que Gamboa. El colombiano no se movió, esperando a que el capitán se pusiese derecho, y cuando Ricardo lo hizo una sonrisa de lobo malo apareció en la cara de Gamboa.


-Desde que la doctora le ha dado boleto le veo como alma en pena por el barco, ¿eh?


Ricardo pensó que en el estado en el que se encontraba podría estrangular a Gamboa ahí mismo, así que prefirió hacer caso omiso a las palabras de aquel hombre y seguir su camino hacia el puente de mando. Gamboa rió a sus espaldas y entró en su camarote. Se agachó para levantar una tabla que había suelta en el suelo de madera y sacó de allí un teléfono satélite, y tras pulsar una serie de teclas se lo colocó junto a la oreja.


-Misión cumplida. La doctora y el capitán no van a volver a juntarse, la tengo amenazada.


El colombiano volvió a guardar el teléfono donde estaba y salió del camarote, cerrando la puerta muy seguro de sí mismo. Pero, por primera vez en mucho tiempo, Gamboa había cometido un error, un error que podría costarle muy caro. No se había fijado en que la puerta del baño estaba entreabierta, ese baño que compartía con el camarote de De la Cuadra. Y ese baño no estaba vacío. Alguien había escuchado toda la conversación.

Rol, parte LXXX (por Ana)

Se habian llevado la caja negra, y se la habian llevado por su culpa, no se lo podia quitar de la cabeza.
FLASHBACK
-Te he visto hablando con el capitan Julia, y sabes que eso no me gusta.
-Gamboa, me podras prohibir que este con el, pero NUNCA, me oyes?, NUNCA voy a estar contigo.
-A no? Eso ya lo veremos…
-Que se te vaya quitando de la cabeza, porque ya no te tengo miedo, deja en paz a Ricardo y a su familia.
-Te vas a arrepentir de esto Julia, ya lo veras.
FIN FLASHBACK

Sabia perfectamente que esa conversacion habia sido la culpable de que se llevaran la caja negra, pero preferia eso a que le pasara algo al capitan y a su familia.
En ese momento se cruzo con Ricardo en el club, le dieron ganas de contarselo todo darle un abrazo pero sabia que si lo hacia y delante de todo el barco se estaria jugando su vida y la del capitan, asi que por mucho que le doliera solo pudo hacer una cosa:
-Julia queria hablar con usted sobre…
-Mire Capitan creo que no le ha quedado claro, que no me hable, que no me mire, que me deje en paz, entre usted y yo no hay nada- le corto Julia.
Ricardo se habia quedado perplejo ante el comportamiento de Julia, la cogio por el brazo antes de dejarla ir.
-No me ha quedado claro porque se que usted siento lo mismo que yo por usted. Mireme a los ojos y digame que no siente nada por mi.
Todo el mundo que estaba en el club se cayo y miraron la escena. Tras unos largos segundos, le costo pero al final recordo la amenaza de Gamboa y le dijo: No, no le quiero.
Dicho esto ambos se fueron por distintos caminos, Ricardo se apoyo en la parde y Julia se sento en el suelo, se les cayo una lagrima al mismo tiempo.
Julia estaba seguro de que le habia dolido lo mismo o igual que a el al haberle dicho esto.

sábado, 29 de octubre de 2011

Rol, parte LXXIX (por Elena)

Al día siguiente...el capitán se había despertado. Le dolía la cabeza,no sabía el por qué ni el cómo de aquella jaqueca.Se levantó con cuidado,ya que le daban ganas de ir al baño.Vio que todo estaba muy ordenado,y eso era raro pero no le dio importancia.
-Papa,tienes que venir un momento.-entró Ainhoa,preocupada.
-¿Qué pasa?-preguntó el capitán sin entender lo que pasaba,sin moverse.
-Es Julia,¡¡quiere hablar contigo!!-le respondió Ainhoa,al capitán le dio un vuelco su corazón.
-¿Ah,sí?¿Bien o mal?Porque para que me dé otro disgusto no quiero.-parecía un niño chico.
-Vamos a ver...¿qué ha pasado esta vez??-no entendía nada,y más si hace unos días iba todo de perlas...o eso es lo que pensaba ella pero al parecer se había equivocado.
-Nada...-le mintió.
-Papá,sabes que puedes confíar en mí.-le intenté convencer.
-El otro día me dijo que nunca había sentido nada por mí,que lo que sentía por mí era amistad...cariño pero nada más.Hija,me ha estado mintiendo...y bueno yo paso de ella y de sus indirectas.-se lo conté,ya que necesitaba desahogarme.
-¿¿INDIRECTAS,qué tipo de indirectas?-me sorprendí.
-No sé,algo que le dijo a Valeria:''A veces la gente solo discute porque no quiere contarle la verdad a otras personas''
-Mira,lo que tienes hacer es hablar con ella ahora,y decirle lo que piensas.Además que me ha mandado a irte a buscar,que está súper preocupada por ti,y te lo digo en serio.A lo mejor ha pasado algo,y por eso te ha dicho eso pero no creo que te lo haya dicho de corazón.¡¡Es Julia,tú Julia!!-al oír esas palabras fue a buscarla.
En la enfermería...
-Y este hombre qué tarda...A lo mejor no quiere verme,normal después de todo lo que le dije el otro día...Ahora mismo pensará que soy una falsa pero todo lo que hago es por él y por su familia.Si hubiera alguna manera para contarle lo que está pasando...-se decía ella,dando vueltas por toda la sala.
-¿Me quería ver,doctora?-preguntó el capitán con cortesía.
-Sí,claro...Pensaba que no iba a venir,necesitaba hablar con usted...Ricardo.-asintió la doctora.
-A ver,cuentéme...-se sentó en una silla que estaba a lado de la camilla.
-Andrea,Pablo,Philippe se han ido.Anoche se fueron,ya no los vamos a volver en la vida.-le comentó,el capitán por una vez en su vida se alegró.
-¡¡Eso es genial!!-y sin querer la abrazó,estaban tan cerca.Tenía tantas ganas de besarla pero sabía que su amor era imposible...o eso es lo que él pensaba.
-Solo que hay un problema.-Julia se apartó de él.-Se han llevado la caja negra,no he podido hacer nada.-añadió con mucha tristeza.
-No pasa nada...con tal de que estés tú bien me conformo.Además que ya la recuperaremos¿vale?-sin poderlo evitar,le dio un beso en la frente.

lunes, 24 de octubre de 2011

Rol, parte LXXVIII (por Silvia)

En pleno mediodía, los chavales están ocupados en su clase de biología con Julia, en un camarote cualquiera una niña busca donde esconderse, está claro que Burbuja no puede pillarla, justo cuando escucha que Burbuja ha dejado de contar divisa un gran baúl que para su suerte está vacío.

Minutos después....

-Si, ya se que ha pasado mucho tiempo y no lo he conseguido aun peor no es fácil, se ha complicado todo... además ¿qué pintan aquí Philippe y los otros?

....................

¿Qué me van a ayudar que todo es una cuartada? ¡Por dios coronel! Philippe está aquí por Wilson y los otros dos harían lo que les dijese él sin dudarlo...

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Está bien, mi hijo y yo acabaremos la misión hoy y abandonaremos el Barco, pero ¿como hacerlo sin que los demás tripulantes...?

....................

Perfecto, así será.

***

Cabizbaja y con desgana Julia finaliza su clase y empieza a borrar a pizarra con desanimo deseando volver a tener clase para no pensar en su situación, los últimos desencadenantes dejan mucho que desear de su persona... ¿a quién ama a Philippe o a Ricardo? Y si solo duda entre ambos ¿por qué finge estar con Gamboa? De repente alguien tira de su vestido y la saca de sus pensamientos.

-¿Qué pasa cariño?

-Julia, Julia... ¡Andrea se va de el Barco! A puedes ser la novia de mi papá.

-Menuda pájara... esa no se va de aquí ¡ni con cal viva!

-¿Vuela y es calva? – asustada.

-No cariño, perdón, jaja, a ver ¿por qué dices eso? Ya se que es una... pero esta “encerrada” y ¿cómo va a irse de el barco?

-La he oído hablar por un teléfono y hablaba de no se que misión y del señor con acento raro ese nuevo ¡y de ti!

-¿Qué más has oído?

-No se, no al he entendido... entonces ¿ya no estáis enfadados y eres la novia de mi papá?

-No cariño, no depende esta vez de Andrea que lo sea o no...

***

En la enfermería mientras Julia cura a Phillipe el silencio hace eco del ruido del cambio de vendaje...

-Esto ya está.

-Julia yo...

-¿A qué has venido?

-¡Por ti! ¿Por qué sino?

-Se que Andrea va a irse de una vez de el Barco, no se que queréis pero cogerlo y largaros.

-A si que crees que solo estoy aquí por la misión ¿no?

-Si, si me quisieses no me hubieses echo creer que estabas muerto.

-Yo se que en tu corazón solo habita el Capitán, y lo apruebo es un buen hombre, nunca conseguiré olvidarte...pero Julia, quiero que seas feliz.

-Gracias supongo.

-Supongo que estás con Gamboa por celos o yo que se...pero no merece la pena, olvídalo y se feliz tú que puedes.

-Lo intentaré.

-A media noche en que Andrea termine su “misión” nos vamos, aquí no pintamos nada.

-Sabemos perfectamente lo del submarino...

-Da igual, les dais igual por ahora, con lo que obtengamos de aquí estaremos meses ocupados...

-Phillippe ¿qué buscáis?

-Cuando nos hayamos ido te lo diré, antes no, no puedo permitir que lo estropees todo. Espero poder verte pronto.

A la noche...

-¿Lo tienes? ¿No te han visto?

-Ha sido muy fácil, con el aparato ese que trajisteis abrir la caja fuerte ha sido pan comido y dormir al Capitán...digamos que hasta dentro de unas horas no volverá a ser persona.

-Espero que no te hayas pasado con el cloroformo...

-Descuida Phillippe, yo espero que tú no te hayas ido de la lengua con tu amorcito.

-No, para eso ya tenemos a tu hijo. Pero ya lo regañaras luego, ahora salgamos de aquí que somos los últimos – dicho esto tanto Andrea y su hijo y Phillipe y sus hombre abandonaron el Barco sin ser vistos o si...

***

-Julia sin la caja negra...

-Ya lo sé Roberto pero ¿qué quieres que hagamos? Con ellos lejos podremos vivir en paz, y para que queremos tierra teniéndonos los unos a los otros...

-Algún día acabará todo, mejor no anticiparlo tienes razón. ¿qué te cuenta el chaval en la carta?

-Nada, lo que ya sabíamos, que han robado al caja negra su objetivo desde el principio, que él se arrepiente de todo y le gustaría estar aquí pero no puede, manda saludos para ti y me pide prudencia con mi “relación” con Gamboa no se por qué.

-¿Qué le dirás mañana al Capitán? Yo prefiero estar al margen aunque el sabe que yo se cosas...

-Nada, que se ha quedado dormido, nos han robado la caja negra y por fin se han largado y volvemos a ser el Estrella Polar, si yo sigo con Gamboa él no la liará en el barco y podremos vivir una temporada felices.

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